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Desde hace 18 años, Nadal o Djokovic protagonizaban siempre la final del Master1000 de Roma. La lesión de Rafa, la falta de ritmo de Nole y la progresión de jugadores jóvenes y no tan jóvenes, ha abierto las posibilidades para tenistas que hasta hace poco no soñaban con llegar hasta las últimas rondas de los grandes torneos. El mismo Medvedev, que cuenta con muy pocas victorias en partidos sobre tierra batida, acaba de conseguir el Master1000 de Roma sobre esta superficie, cuando no había ganado ni un sólo partido en el Foro Itálico. En un Roland Garros sin Nadal se abren las esperanzas para muchos jugadores que tienen en el Grand Slam de la tierra batida un sueño que hasta ahora se antojaba imposible para todos.


Cuenta la mitología griega en uno de sus relatos que el titán Prometeo se enfrentó a los dioses del Olimpo con tanto éxito, que llegó a arrebatarles el fuego para ofrecérselo a los mortales. Zeus, lleno de irá por la derrota, decidió someterlo al castigo perpetuo de vivir eternamente encadenado a una roca. La venganza del más poderoso de los dioses griegos no se quedó ahí, sino que decidió convertir a Pandora, la primera mujer creada por él, en cuñada de Prometeo. Ella fue agasajada, como regalo de bodas, con una «caja» que contenía todos los males del mundo. Aunque fue advertida de que no debía abrirla, su curiosidad no pudo evitar que la abriera provocando que todo el mal se disipara por el mundo. Cuando pudo cerrarla, ya sólo quedaba dentro la esperanza.

Esta alegoría de la Grecia Clásica, nos presenta al fuego como fuente del conocimiento que le es entregado a los hombres para que alcancen el éxito en la lucha. En cambio, a la esperanza, la relega a un espacio sospechoso, compartido con todo lo más abyecto de esta vida. La esperanza se muestra como el engaño cómodo de la verdad, la inutilidad que nos hace no alcanzar jamás la verdad y la sabiduría pero que, eso sí, nos mantiene en el confortable camino de conseguirlo en un futuro irreal.

Por lo visto, Pandora, nunca empuñó una raqueta. La esperanza de muchos tenistas, cada vez más, radica en vivirla no como un rechazo del presente, sino en una motivación de un futuro mejor. En los últimos torneos estamos comprobando cómo cada vez más, tenistas atrapados en la tranquilizadora belleza del fracaso que, aún así, les da para llevar una vida desahogada, son capaces de reponerse a esas cadenas y disfrutan de la gloria del fuego.

Durante todo el año 2023 lo estamos viendo con titanes de la raqueta jóvenes y no tan jóvenes. En Melbourne, durante el primer Grand Slam de la temporada, Ben Shelton, colocado en el puesto 92 de la ATP y Jiri Lehecka, 78, llegaron a cuartos de final. En el Master1000 de Miami, fue Christopher Eubanks, el que llegó a la ronda de los 8 mejores desde la ronda clasificatoria y más allá del Top100. Con la llegada de la tierra, en Montecarlo, llegando a cuartos, y en Madrid, siendo finalista, hemos visto como el veterano alemán Jan-Lennard Struff ha tirado de esa pequeña llama azul que Pandora consiguió retener en su caja para alcanzar cotas jamás logradas en su carrera.

En la mitología de este recién acabado Master1000 de Roma siempre se contará la hazaña del centurión magiar Marozsan que derrotó al mismísimo emperador Alcaraz o el bárbaro Hanfmann, que desde el puesto 101 de la ATP, llegó a cuartos tras derrotar a Fritz y Rublev. El caso es que desde la edición de 2004, en la que disputaron la final Carlos Moyá y David Nalbandián, con triunfo del español, siempre había estado en el último partido del Foro itálico, o Rafa Nadal o Novak Djokovic. El fuego se apaga y renace la esperanza para una nueva generación de tenistas que no nos cabe en la palma de una mano.

El mismísimo Medvedev, tras el triunfo en el Foro Itálico, ha reconocido, durante la posterior rueda de prensa, que jamás esperaba conseguir un título de este nivel en tierra batida. Su ambición, convertida en trabajo, ha luchado para conseguir lo que anhelaba con más esperanza que fe. La recompensa ya está en sus vitrinas y ahora busca nuevos retos que alimenten esa motivación que, sólo con la esperanza de alcanzarla, moverá el día a día del ruso.

Si hablamos de Nadal y su anuncio de retirada temporal, tenemos que hacerlo en los mismos términos. Cualquiera de nosotros, con la décima parte de los éxitos logrados por el manacorí, habríamos renunciado al reto de volver a renacer de unas cenizas provocadas por las lesiones. Pero Rafa es un ejemplo de perseverancia, de trabajo, de esa resiliencia que ahora tanto gusta mentar para casi todo. Aún así, sólo puede levantarse cada mañana y ponerse el mono Nike de trabajo si mantiene encendida la llama de la esperanza de volver a competir al nivel al que nos tiene acostumbrados.

Nunca hay que abandonar la esperanza, ella debe ser el motor de nuestra vida para alcanzar un futuro mejor. El fin de la era del Big3 es, sin duda, una ráfaga de claridad para muchos de esos héroes que, carentes de la luz del fuego de los elegidos, aprovechan la esperanza para no rendirse nunca. Pues eso, apliquémosnos el cuento en nuestro día a día y luchemos por conseguir nuestro particular Roland Garros.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

3 comentarios en «LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE GANA»
  1. Nos esperan unas semanas apasionantes y de mucha incertidumbre en Roland Garros. Estoy deseando ver qué nos depara el torneo y que se siga extendiendo la hegemonía española en tierras galas. Será de los más abiertos que se recuerden, pero como acabó siendo el lema de la película «Los inmortales»: solo puede quedar uno.

  2. Excelente crónica, tomando por referencia la mitología griega. La ESPERANZA de muchísimos tenistas, independientemente de su ranking particular, quizás obre milagros para que estos puedan colarse en rondas soñadas. Quizás este año nos llevemos una sorpresa y el campeón sea un semidesconocido.

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