El australiano logra su séptimo título ATP, segundo en la capital norteamericana, al imponerse 6-4, 6-3 al nipón Nishioka. Si Wimbledon’22 hubiera repartido puntos, Kyrgios estaría ya a las puertas del Top-10.
Rectificar es de sabios. Está claro que la deriva deportiva a la que se estaba sometiendo Nick Kyrgios estaba destruyendo un gran jugador. Sea por la razón que sea, está claro que el espigado jugador australiano esta temporada ha decidido asumir el reto de sacrificarse por algo que le puede dar muchas alegrías. El entrenamiento diario, un equipo alrededor, la edad y una pareja que, parece ser, le está ayudando mucho a la hora de estabilizar sus emociones, están detrás del nuevo éxito de Kyrgios: el ATP500 de Washington, segundo que consigue en su carrera.
En la rueda de prensa posterior al partido, Nick reconoció que este año ha puesto mucho empeño en centrarse en el tenis y en ser muy profesional. En ello anda, lejos de esa dejadez que ocultaba su desordenada vida personal y la convertía en llamada de auxilio por sus frustraciones tenísticas. Ahora, en cambio, ha dado la vuelta a la tortilla y, aunque no es un jugador al uso, su juego sí responde a un patrón diseñado con su equipo durante las semanas de entrenamiento.
Durante toda la semana no ha perdido su servicio ni una sola vez y no será por ocasiones, que no les han faltado a sus rivales. Concretamente hasta 10 bolas de quiebre disfrutaron y, en todas ellas, bien por el servicio, bien por su fulminante derecha, Kyrgios consiguió levantar el juego. Un reflejo de esta renovada estabilidad emocional fue el partido ante Tiafoe en el que el australiano levantó 5 pelotas de partido e impactó 35 aces. Hace tan sólo unos meses, el de Camberra, hubiera decidido acabar con el sufrimiento mucho antes.
Y hoy se enfrentaba contra la sensación del torneo, Yoshihito Nishioka, que sube 42 puestos en el ranking. El nipón ha llegado a la final tras apear a cinco jugadores mejor clasificados que él: Brooksby (37), De Minnaur (21), Khachanov (24), Evans (40) y Rublev (8). Pero en la final se ha encontrado a un Kyrgios al que le ha bastado con romper, en ambos sets, a las primeras de cambio y mantener su servicio, como ha hecho durante todo el torneo. Sorprendente el nivel de concentración que ha mantenido durante toda la semana.
El caso es que de haber repartido puntos Wimbledon, Kyrgios estaría ya cerca del Top10, cuando hace tan sólo unos meses estaba perdido en el puesto 137 del ranking. Ver, para creer.