Hace una década, el marketing deportivo decidió promover una nueva forma de vender el tenis sobre tierra batida, sustituyendo el clásico color arcilloso, por un intenso azul. El fracaso fue estrepitoso. Los jugadores fueron los primeros en exigir que se mantuviera el aspecto clásico de la superficie. Ahora les contamos qué fue lo que ocurrió y os pedimos vuestra opinión al respecto.
Corría el año 2012, Obama conseguía la reelección tras una reñida campaña electoral, estábamos atentos a cuanto ocurría en la Primavera Árabe, el Costa Concordia se quedaba semihundido en el Mar Tirreno, la NASA nos permitía conocer mejor Marte, el planeta rojo y en el Master1000 de Madrid convirtieron la tierra en azul. Lo del tenis también ocurrió en primavera (como la árabe), pero no provocó su reelección (como Obama), sino un importante naufragio (como el Costa Concordia) y comprender que nuestra tierra (como en Marte), también es roja.
Ion Tiriac, promotor del torneo y, para muchos, niño mimado de la ATP consiguió el beneplácito de las instituciones del tenis para poder cambiar las normas más tradicionales sustituyendo el aspecto que todos teníamos en nuestro subconsciente de lo que es el tenis. La excusa era mejorar la visibilidad de la bola, pero los intereses económicos estaban detrás. Nadie pensó en los jugadores. La tierra azul provocó entre ellos una gran polémica por sus diferentes características de bote y por resultar extraordinariamente resbaladiza, con riesgo para su propia integridad física. Algunos de ellos, incluidos Novak Djokovic y Rafa Nadal, números 1 y 2 del mundo en ese momento, ya advirtieron que no volverían a acudir al torneo de mantener esta superficie tan novedosa y perjudicial para los propios protagonistas del circo del tenis. El serbio no pudo defender el título ya que cayó en cuartos contra Janko Tipsarevic. En cambio, Rafa perdió en octavos ante Verdasco más desesperado por las condiciones de la pista que por el propio partido. El torneo lo ganó Roger Federer al imponerse en la final a Thomas Berdych. Varios meses después, la ATP recobró la cordura y revocó la homologación de la tierra azul, inhabilitándola para la disputa de torneos oficiales del circuito.
Diez años después, este bonito deporte ha integrado perfectamente novedades tecnológicas que han servido para mejorar el espectáculo y el juego, ahora bien, pasado el tiempo recordamos lo de las pistas de tierra azuladas como una excentricidad que, eso sí, ocurrió aquí…, donde iba a pasar si no…, pongamos que hablo de Madrid.
Gracias a Dios, iniciaba su presidencia en España, el bueno de Mariano Rajoy Brey y quizás por ello la ocurrencia de haber elegido el color azul; de haber ocurrido todo ello en la actualidad, el color de la arcilla habría sido rojo pasión.
Lo importante es que se haya vuelto a la lógica y que no se perseverara ni un solo torneo más en el error.