Francia lleva casi 40 años sin levantar la Copa de Mosqueteros. Leconte, Gasquet, Tsonga o Monfils incapaces de vencer en el gran torneo parisino.
La «Grandeur» del país vecino es sumamente reconocida. El orgullo que sienten por todo lo que ellos hacen está bien estudiado por sociólogos y expertos en patriotismo. El chauvinismo francés es un burdo nacionalismo que se basa en la creencia irracional de la superioridad o el dominio de su propio grupo de personas, a quienes se considera superiores y virtuosos, mientras que a los demás se les considera débiles e inferiores. Francia eleva al máximo reconocimiento sus «affaires». Su revolución supone un hito histórico que divide el Antiguo y el Nuevo Régimen, su cocina es reconocida mundialmente y entrega galardones con nombre de neumáticos, sus monumentos ponen de manifiesto su excelente gusto por la belleza formal, igual que en la moda donde «l’ haute coûture» se funde con el «prêt à porter». Y qué decir de la musicalidad de su lengua, o la imperial importancia de personajes mundialmente conocidos en los diferentes campos de las artes, la ciencia o la cultura… En el deporte destacan, sobre otros grandes eventos, el Tour de Francia y Roland Garros. Pero no todo podía ser maravilloso. En «le grand boucle» no suena la Marsellesa en los Campo Elíseos desde 1986 que ganara Bernard Hinault. Ni Jean François Bernard, ni Richard Virenque ni Romain Bardet han pasado de meros acompañantes del campeón en el podio.
En el tenis, la Torre Eiffel de la tierra batida, está en el Bosque de Boulogne y lleva el nombre de un famoso aviador de principios del siglo XX: Roland Garros. Pero allí, como en el ciclismo, los tenistas no están a la altura del escenario en el que se interpreta el libreto.
El tenis francés sigue negado en su emblemático torneo. Desde 1983 no gana un jugador galo. Fue Yannick Noah quien hace 38 años lo consiguió, único francés en conseguirlo desde la era open y que rompió con otra sequía importante que duraba desde el triunfo de Marcel Bernard en 1946. En esta edición ningún representante ha pasado de la tercera ronda. Ni Monfils, ni Humbert, ni Mannarino, ni Moutet, ni Pouille o el excéntrico Paire… han tenido un buen torneo. Sin duda una herida muy profunda para «grandeur francesa». Tampoco lo consiguieron ni Guy Forget, ni Henri Leconte, ni Benneteau, ni Chardy, ni Tsonga, ni Gasquet.
Un año más, la gran afición francesa tiene que seguir disfrutando del deporte pero olvidando su habitual patriotismo,… lo que tampoco es una mala opción.