Alcaraz-Viena

Estamos, por mucho que lo lamente, en el fin de semana de Halloween. Nadie se acuerda ya de nuestros santos difuntos. Preferimos esas otras muertes que, aunque nos dan miedo, nos entretienen más. A mí, que no me va mucho eso de las calabazas, ni de los tétricos disfraces, lo que sí me asusta es el juego de Carlos Alcaraz Garfia. Esta tarde, en Viena, ha interpretado uno de sus mejores conciertos bajo techo para imponerse a un Alex de Minnaur, que tan sólo podía llevar un ligero acompañamiento a la pieza musical que tocaba el murciano. Por lo pronto, la afinación de la raqueta de Alcaraz ha sido tan perfecta que, en el primer set, apenas ha permitido que el hispano-australiano tan sólo sume un juego. Luego, en el resto del concierto ya estaba todo tan entonado, con el público enfervorecido, que donde Alcaraz oía una marcha militar, el bueno de Alex, sólo escuchaba el Canon de Pachelbel.

Y es que, el juego de Alcaraz da miedo a sus rivales. En cada punto que se disputa, propone a sus rivales el típico truco o trato. No sé cómo se las apaña pero, Carlitos casi siempre se acaba llevando el caramelo. En cada duelo que han disputado esta tarde, el murciano ha sacado la varita para quedarse con el dulce sabor de la victoria y dejar a De Minnaur con las calabazas, quien ya acumula una escandalosa colección de éstas, con un preocupante balance personal de 7-0 en los enfrentamientos con el murciano.

El de hoy es el tercer título ATP500 de Carlos en esta temporada: Doha, Tokio y Viena. De los 28 títulos ATP que ha conseguido la mitad han sido sobre superficie dura, pero, hasta el de hoy en Viena, sólo en una ocasión, Rotterdam 2025, lo había logrado sobre una pista techada. Curiosamente, las dos veces lo ha hecho venciendo al correcaminos del circuito, Alex de Minnaur.

Además, este título significa otro logro importante para el jugador murciano, que se convierte en el tercer tenista español en número de títulos, superando los 27 de Ferrer, y sólo detrás, de Orantes, con 34, y Nadal con 92. Mañana mismo, Alcaraz tendrá la oportunidad de aumentar esta cifra participando en el Abierto de París, antes en Bercy, ahora en La Défense, último Master1000 de la temporada y otro de los pocos que aún falta en sus vitrinas.

Con tan sólo 23 años, Alcaraz nos está acostumbrando a ganar, y lo hace siguiendo la estela de una larga generación de tenistas españoles que han convertido eso de ganar en una pista de tenis, en tradición. Por eso, es por lo que, desde aquí, desde esta humilde tribuna deportiva, quiero reivindicar la tradición de ese Tenorio del tenis que, como en la obra de Zorrilla, ha convertido todas las estatuas funerarias, apariciones espectrales y demás pecados veniales, que vinieron durante los cuatro meses de lesión, en una beatífica muestra de arrepentimiento para la salvación de su alma. Pues eso, más Don Juan y las calabazas para otros.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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