El jugador alemán rompe la racha de tres finales de Grand Slam perdidas, desde aquella del US Open de 2020, y se impone a Cobolli en la final de Roland Garros. Zverev sólo pudo cerrar el partido en un quinto set en el que recuperó toda la energía y eficacia que había perdido a finales del cuarto. El jugador italiano, auténtica revelación del torneo, entra en el Top10 de la clasificación ATP. Zverev se embolsa 2,8 millones de euros y se libera de la presión de no haber ganado ningún Major que tenía que soportar hasta ahora.
Es probable que te hayas enterado de que, estos días, Robert Prevost está de visita por Madrid. Algo se está comentando. Lo que quizá no sepas, es que el Papa es un gran seguidor del tenis y, por eso, no me extrañaría que, ahora mismo, alguno de sus acólitos esté diciéndole al oído que, desde esta tarde, hay un nuevo Sumo Pontífice en el mundo de la raqueta, llamado Alexander Zverev, ganador de la edición de 2026 de Roland Garros.
El nuevo Santo Padre del tenis ya estuvo, anteriormente, a punto de erigirse en sucesor de San Pedro hasta en tres ocasiones. La más dolorosa fue, sin duda, la de la final del US Open de 2020 ante Thiem cuando ya se vislumbraba la fumata blanca con dos sets arriba y break a favor en el tercero. El austriaco acabó por darle la vuelta al partido y se impuso en el tie-break del quinto set. Esta tarde, Shasha ha temido, en varias ocasiones, que la historia se repitiera. La mochila de responsabilidad que ha cargado desde que Sinner y Djokovic dejaron el torneo ha sido una carga demasiado pesada de la que hoy se ha liberado.
El primer set pasó como un suspiro para todos. En este caso, debería decir como un santiamén. En lo que quisimos darnos cuenta, el alemán tenía un 6-1 a favor y Cobolli aún no se había santiguado. Poco a poco fue enterándose de qué iba la misa y empezó a sentir mejores sensaciones con la pelota, hasta acabar rompiendo el servicio de Zverev, en la primera ocasión en que bajó del 80% su porcentaje de primeros saques. El segundo set cayó del lado del florentino. Para Shasha tocaba recuperar el oremus. Confesión con su box y arrepentimiento de todos los pecados cometidos. La absolución vino acompañada de sus mejores momentos de oración y, en el último servicio de Cobolli, impuso su catecismo de reveses seguros y derechas letales. Con 2 sets a uno el alemán creía tocar la gloria divina.
El físico también es importante en las cuestiones espirituales. Zverev pareció olvidarlo y tras una sucesión de breaks y contrabreaks llevó el cuarto set a su juego decisivo. El jugador de Florencia parecía hacerse eterno en la muerte súbita y tras varios errores, sólo justificados por el miedo a perder, se hizo con el cuarto set. Mientras tanto, a Zverev sólo le aliviaba la comunión de suplementos alimenticios consagrados que ahuyentaran los malignos calambres del diablo.
En el quinto set, Zverev sintió la presencia divina sobre su alargada figura. Como si de un milagro se tratara, una luz iluminó sus golpes para que siempre encontraran las líneas y devolvieran a sus músculos la agilidad que habían ido perdiendo a lo largo de las más de cuatro horas de partido. El 6-1 dejaba claro que Dios bendecía al alemán como nuevo jefe de la iglesia del tenis.
Durante estos seis años que han pasado desde que perdiera en Nueva York su primera final de Grand Slam, este prelado de Hamburgo ha ejercido su divino oficio con la santidad que se le supone a uno de los mejores tenistas de la historia. Curiosamente, hoy ha dejado de ser el mejor de los que no tenían un Grand Slam para ser ahora, simplemente, uno más dentro de la corte celestial.
La imagen de Zverev con la camiseta sucia y un lenguaje corporal más abatido que dispuesto a superarse, nos ha recordado a aquel Ecce Homo de 2022, tumbado sobre la tierra de la Phillipe Chatrier, con su tobillo partido en unas semifinales ante Nadal en las que tenía todo a favor. Hoy, Zverev ha comprobado como aquel Vía Crucis se ha convertido en un solemne Corpus Christi, con la tierra engalanada de flores bendiciendo su primer Grand Slam. La justicia sí existe en el tenis, sólo hace falta paciencia para alcanzarla.
Así acaba esta edición de Roland Garros, en la que hemos tenido calor, jueces de línea, Jódar y unos protagonistas de la final sin el suficiente gancho como para atraer a un público más preocupado de la casita de Bad Bunny, de la Feria del Libro, la Visita del Papa o las Elecciones a la Presidencia del Real Madrid. Por cierto, no sé que habrá pasado en la casa blanca, pero aquí, «el florentino»(*), ha perdido.
(*)Los que me conocen saben que nunca utilizaría un artículo determinado para acompañar a un nombre propio si la ocasión no lo mereciera. Aquí, el florentino al que me refiero no es Pérez, ni nada tiene que ver con el fútbol, sino un chico de Florencia que, en su primera presencia en la final de un Grand Slam ha estado a punto de aguarle la fiesta a Zverev, justo merecedor de este Roland Garros 2026
Jajajaa, buenísima crónica, eres un crack amigo Fran. La verdad es que Sasha se merecía ganar un gran SLAM, pero físicamente debe mejorar; o a lo mejor son sus 29 que ya van pesando.
Crónica inmejorable.
AMEN