Esta semana, cuatro astronautas de la NASA han conseguido circunvalar el único satélite de la Tierra, o sea, la Luna, no confundir con el Meteosat. La misión espacial Artemis II ha podido fotografiar la cara oculta lunar, esa que nadie había visto hasta ahora, igual que nadie había visto a Sinner ganar un torneo sobre tierra batida. El éxito de la misión espacial abre las puertas a otros viajes interestelares que se harán en los próximos años, la gloria terrícola del italiano pretende tener su réplica mucho antes: en Madrid, Roma y Roland Garros, los únicos objetivos del circuito sobre los que aún no aterrizado la nave espacial pelirroja. Hasta ahora sólo conocíamos la cara vista de la Luna, la que nos han mostrado infinidad de veces especialistas como Nadal, Muster, Borg, Kuerten y, actualmente, un marciano de El Palmar.

En esta expedición a Montecarlo se ha colado un astronauta que nunca había salido de la atmósfera terrestre. Sinner, tras el descalabro del año pasado en Roland Garros, ha perfeccionado las derechas liftadas con más peso, las dejaditas y una forma de resbalar impropia para un jugador que siempre había destacado en superficies duras. Su adaptación al medio ha sido espectacular. Incluso mejor que la puesta a punto de un avezado cosmonauta murciano que ha convertido la gravedad cero en algo preocupante. El de hoy ha sido uno de los peores duelos de estos dos tenistas. Demasiados fallos y porcentajes de errores no forzados impensables para estos animales de la raqueta. Tanto es así que una doble falta en el tie-break vino a poner el colofón a un set más emocionante que brillante.

Con sólo estos dos tripulantes de la nave Orion de la ATP llevamos semanas disfrutando de las mejores vistas del circuito desde la troposfera. Con un set arriba para Sinner las cosas se le han complicado a Alcaraz tanto como si te falla el inodoro en medio del espacio. La solución no era sencilla y ha terminado por cortar el tránsito de puntos que Alcaraz acostumbra a evacuar cada día. Al final, 7-6, 6-3 para entregarle al de San Cándido el primer Master1000 sobre tierra batida.

Las corrientes aéreas favorecen ahora al italiano. Que no cunda el pánico. De la misma forma que Alcaraz cogió el viento a favor en la temporada de tierra de 2025, y lo soltó para la hierba de Wimbledon, lo recuperó para el USOpen y, finalmente, se lo devolvió al italiano para el final de temporada, esta temporada, la alternancia sigue el mismo camino. La rivalidad les hace mejorar. Carlitos demostró su superioridad en el Open de Australia, pero eso no le convertía en invencible. Ni Sinner tampoco será eterno ganador de los Master1000 porque haya ganado los 4 últimos, tres en esta temporada. Esta es la motivación que necesitan los dos para mejorar, para continuar en su batalla espacial por no conocer sólo el lado de la luna que dominan, sino, también, darse una vuelta por la otra cara para conocer triunfos tan inesperados como el de Jannik en la tierra batida…, o el de Carlos en Australia.

Eso sí, con el triunfo en este Master1000 de Montecarlo, Sinner ha conocido la cara oculta de la luna y, en cambio, lo de Alcaraz ha sido, simplemente, un lunar.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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