El jugador kazajo ha pasado de deambular sin pena ni gloria por el circuito, haciendo de bufón en todos y cada uno de los torneos que jugaba, a sorprender en Roland Garros con unos inesperados cuartos de final y, ahora, lograr su segundo título en el ATP500 de Halle, quinto de su carrera. Bublik se deshizo en octavos del principal favorito del torneo, Jannik Sinner. En el otro lado de la moneda está Medvedev. Tras conseguir, hace algo más de dos años, su primer título sobre tierra batida en el Master1000 de Roma, el moscovita ha pasado al grupo mixto del tenis, en el que ha perdido las cinco últimas finales que ha jugado, dos de ellas de Grand Slam y ha pasado de ocupar el primer puesto de la clasificación ATP a salir del Top10. Dannil ya no sale ni en los papeles de los jugadores con opciones para ganar los Majors y, desde hoy, Carlos Alcaraz le supera en títulos ATP ganados (21).


Decía Wittgenstein que no sabía muy bien por qué estábamos en este mundo, pero de lo que sí estaba seguro es de que no era para divertirnos. Aunque sólo sea como espectador de esta representación teatral diaria, discrepo del filósofo austriaco. Cada mañana nos entretenemos de lo lindo viendo como la realidad supera la ficción. No hace mucho, Medvedev declaraba odiar la tierra batida justo antes de ganara el Master1000 de Roma.  También estaba llamado a liderar el tenis en esa necesaria transición entre el Big3 y la diabólica pareja de Alcaraz-Sinner y desde entonces no ha ganado ni un sólo título, a pesar de haber jugado 5 finales, dos de ellas de Grand Slam. El moscovita ha caído en desgracia y se «encuentra sólo» dentro del ejecutivo del tenis. Expulsado de las sesiones en las que se toman las grandes decisiones de los torneos, el bueno de Dannil ha sido desplazado hasta las finales de menor nivel en las que, como hoy, ni siquiera alcanza a ganar.

Otro que nos alegra el día es Alexandr Bublik. Mercenario de profesión, acogió la bandera kazaja por un buen puñado de dólares justo antes de declarar que detestaba este deporte y sólo jugaba por dinero, más concretamente, para solucionarle la vida a su hijo. Viéndolo jugar, cuesta más creerlo que al cabecilla de la banda del Peugeot diciendo que no sabía nada de la que habían montado sus secuaces. Bublik, no viaja en utilitarios franceses ni participa de suculentas mordidas, pero es un mentiroso del tenis, eso sí, lleno de talento.

Medvedev y Bublik son víctimas de la presión a la que se ven sometidos cualquiera de los privilegiados del deporte que cada semana saltan a la pista para saborear las mieles del triunfo y, la mayoría de las veces, acaban probando el amargo sabor de la derrota. Ellos, además, saben que el principal enemigo al que tienen que enfrentarse reside en su propia cabeza. Sin duda, el rival más difícil del circuito.

Además, llevamos años en que, por causas externas, los tenistas rusos no son bien recibidos en las competiciones deportivas internacionales. Pues bien, en Halle, las autoridades del tenis se la han tenido que envainar porque a las semifinales han llegado dos rusos (Medvedev y Khachanov), un ruso nacionalizado kazajo (Bublik), y un alemán de ascendencia rusa (Zverev). No querías sopa, pues ahí van dos tazas.

En la final, lo esperado. Dos estilos diferentes en los que se ha impuesto la confianza por la que, estas semanas, circula la cabeza de Bublik. Menos saques de mano baja, sólo dejadas necesarias y ningún tipo de licencias para el circo. Apoyado en un porcentaje de primeros servicios muy alto y su potente derecha, la fiabilidad de Medvedev se ha visto incapacitada para llevar el partido al tercer set: 6-3, 7-6.

La filosofía de Ludwig Wittgenstein se mueve entre las contradicciones y las paradojas. El tenis de Bublik y de Medvedev no anda muy alejado de estas ideas. Lo que ambos tienen claro es que la imprecisión y adaptación a los diferentes contextos vitales están a la orden del día. Para el kazajo sí hemos venido a esta vida a divertirnos, pero mucho me temo que, últimamente, Dannil discrepa.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «MENUDA INVENTADA LO DE QUE A BUBLIK NO LE GUSTABA EL TENIS»
  1. Absolutamente de acuerdo en todo. Cuesta mucho creer que los tenistas aludidos puedan decirnos en alguna ocasión que no les gusta el tenis.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *