Los ansiados brotes verdes aparecen sobre la tierra con la llegada de la temporada de hierba, preparatoria para Wimbledon. Sttutgart y ´s-Hertogenbosh alimentan el circuito de tenis con dos torneos vegetarianos, de categoría ATP250, que han ido a parar a las manos de dos norteamericanos: el estadounidense Taylor Fritz y el canadiense Gabriel Diallo, quien estrena su palmarés profesional al imponerse al belga Bergs.
La lluvia, que ha querido estar presente en la final del ATP250 de Sttutgart, ya no genera lodo. El tenis se traslada, esta semana, a la hierba del norte de Europa y ahí no hay ni trampas, ni cartón. El sonido de los raquetazos a doscientos por hora de los saques, se han convertido en los audios más determinantes para encumbrar a Fritz y dejar a Zverev, una vez más, con la soga al cuello. El tenis del jugador de Hamburgo no va como un cohete en esta legislatura.
El sano turnismo que se suele producir en el poder hace que, a veces, unos se encuentren en la parte alta de la noria y, otros, esperen mejores horas que les saquen de la parte baja. Ahora le tocaba a Fritz tener buenas vistas. Tras una temporada de fango, con derrotas rápidas en la tierra de Roma y Roland Garros, ha llegado el momento de confirmar que, lo de Taylor con la hierba es ya una adicción. Cuarto título sobre esta superficie del californiano que le coloca en una posición ideal para pillar una buena mordida de lo que se reparta en la próxima concesión del Grand Slam londinense.
Mientras tanto, Zverev sigue sumido en una crisis de gobierno en su tenis que intenta ocultar, pero los números no le salen. Su discurso ya no se lo creen ni en casa. Hoy ha perdido en dos sets consecutivos, el segundo en el tie-break, pero estoy seguro que, hubiera estado dispuesto a meter dos pelotitas más en la urna rival, sin que el juez de silla lo viera, para salir victorioso del duelo. El palmarés del espigado jugador de Hamburgo sigue yermo de hierba y eso, para un jugador tan arrogante como el alemán, es algo que le quita el sueño y más, si la derrota se produce delante de su electorado.
No muy lejos de Alemania, en Bolduque, más conocido en los ambientes de la raqueta como ‘s-Hertogenbosch, Diallo y Bergs buscaban su primer título ATP, tras rentabilizar todo el revuelo que se ha formado esta semana en el circuito; repleto de mentiras, comisiones, enchufismos y favores injustificados. Ni Medvedev, ni Humbert, ni Khachanov han podido evitar que estos dos tenistas de medio pelo, de esos de carretera nacional y Peugeot, hayan llegado hasta la final de esta tarde. Bergs contaba con la ventaja de jugar a pocos kilómetros de su casa, eso sí, pasando la frontera, pero, el canadiense Gabriel Diallo ha confirmado su superioridad al servicio con un 7-5, 7-6 que mantiene al belga sin premios ATP, y eso que ya lleva dos finales perdidas en 2025, Auckland y, desde hoy, ‘s-Hertogenbosch.
Ni Bergs, ni Zverev han sido hoy profetas en su tierra. Ninguno de ellos ha recogido hoy el trofeo de campeones en los torneos más cercanos a sus casas. Eso sí, tampoco han salido a la entrega de premios con el maquillaje de tristeza en la cara, con la indumentaria ancha y negra que guardan para las ocasiones más luctuosas, ni siquiera se han atrevido a dibujar en sus caras unas lágrimas de plañidera barata. A ellos les ha bastado con pedir perdón para que la afición siga confiando en ellos, y eso no siempre es fácil de conseguir.
Una vez más y ya no recuerdo cuántas son, nos encandilas con paralelismos de la actualidad. Hoy y quizás solo en mi caso, me has hecho recordar lo triste y cutre del personal que nos dirige, evidentemente esto es así, ya que los torneos que ahora se celebran son de importancia secundaria y lo que está pasando en España, inaudito.