Nunca se había dado, en las últimas rondas de un torneo de alta categoría, un resultado tan contundente como el que le ha endosado Alex de Miñaur a Grigor Dimitrov en los cuartos del Master1000 de Montecarlo: 6-0, 6-0. El italiano Musetti será el rival del australiano en la segunda semifinal del torneo monegasco. Antes, Alcaraz y Davidovich lucharán por llegar a la final de mañana.
El actual idealismo, presente en nuestra sociedad, tiene la mala costumbre de colocar la verdad en un mundo irreal; un mundo inventado que va recordándonos, todos los días, lo desgraciados que somos a medida que acumulamos fracasos y vamos alejándonos de esa vida ideal que habíamos soñado. El tenis es un deporte en el que las derrotas rebosan hasta en el palmarés de los mejores tenistas de la historia, esos pocos que, tras 20 años de carrera profesional, tuvieron unas 80 ó 90 semanas sin conocer el amargo sabor que te deja perder un partido. Grigor Dimitrov, profesional desde hace 17 años, ganador de 9 torneos ATP (entre ellos un Masters Finals y un Master1000), vencedor del 61% de los 769 partidos que ha disputado como profesional, se ha llevado el primer 6-0, 6-0 de su carrera deportiva ante el hispano-australiano Alex de Miñaur.
Si algo hay en lo que todo el mundo del tenis está de acuerdo es en reconocer que el búlgaro no es un tenista vulgar. Llamado para las más altas cotas de éxito por su inmensa calidad, Dimitrov se ha quedado siempre por debajo de las expectativas que había generado su juego. Su extraordinaria técnica y la plasticidad en sus golpes nos recuerdan a todos al gran Roger Federer, comparación que ha lastrado su trayectoria profesional.
La derrota de hoy, ante Alex de Miñaur, un parvenu en la tierra batida, lejos de ensuciar la carrera de Dimitrov, la dignifican. En el primer tema del curso tenista está la máxima de aprender a convivir con la derrota. El tenis es un deporte en el que juegan muchos y cada semana, sólo gana uno. Hay casos de grandes que nunca han saboreado las mieles del triunfo profesional, por poner un ejemplo, el propio Davidovich, semifinalista en este torneo de Montecarlo y que aún no ha levantado un título ATP. Por eso, cuando hoy he visto a un grande de este deporte, que ha ganado 30 millones de dólares en premios en su carrera deportiva, salir de la pista con la cabeza alta, felicitar a su rival y no excusar su derrota con lesiones inexistentes o irregularidades de la pista, he pensado en la enorme dificultad de control mental que tiene este deporte individual, en el que tu máximo rival siempre está más cerca de uno mismo de lo que muchos imaginan.
Algunos pensarán, con la mala baba que les caracterizan, que Dimitrov llegó a Montecarlo en avión y se marcha con una bicicleta, como si en este siglo XXI sólo existiera el liderazgo y el éxito. El fracaso, aunque no aparece en las redes sociales, sigue existiendo. Sería un acto de autoengaño del búlgaro justificar esta dolorosa derrota con excusas baratas destinadas a ocultar lo que todos hemos visto: De Miñaur hoy fue mejor y Dimitrov tuvo un mal día. Solamente, eso.