Zverev-Pigmalion-Indian Wells

Con la llegada del primer Master1000 de la temporada, Indian Wells, comprobamos como el mundo de la psicología interviene poderosamente en el tenis. Las expectativas que se crean a nuestro alrededor influyen en nuestro comportamiento. El reforzamiento, o no, de actitudes, basado en el Efecto Pigmalion, puede modificar la conducta de los protagonistas de forma positiva o negativa. Analizamos el caso de Zverev desde el fascinante poder que tienen las expectativas.


En la mitología chipriota encontramos la historia de Pigmalion, un escultor cuya obra acaba cobrando vida gracias a la fervorosa devoción que su autor despliega hacia ella. Galatea, que así se llamó la estatua, es la base sobre la que se asienta el llamado Efecto Pigmalion, que sostiene que las opiniones que un sujeto tiene sobre otro influyen en el comportamiento de éste. Como no podía ser de otra manera, esta correlación entre expectativas y hechos consumados se produce cada semana en el circuito de la ATP. Zverev es un claro ejemplo de cómo pueden modificar tus actos, positiva o negativamente, esas opiniones previas que todos tenemos sobre los demás. Sigue leyendo, que voy a tratar de explicarlo.

Cuando el 25 de enero, sentado en la silla de jugadores, con la mirada perdida hacia el infinito, justo en el momento previo a recoger el trofeo como finalista del Open de Australia, Alexander Zverev supo que los refuerzos positivos que no habían parado de llegarle en los últimos meses, acerca de la posibilidad de ganar un Grand Slam, se habían acabado. El Efecto Pigmalion tiene la paciencia limitada y, de la misma forma que refuerza las acciones gracias a comentarios positivos, te llena de dudas cuando estos son negativos.

Desde que empezara su carrera profesional, allá por 2013, las expectativas sobre Shasha han sido máximas. La desaparición del Big3 abría una ventana de ilusiones para que el jugador de Hamburgo alcanzara el triunfo en un Grand Slam. Tras la dolorosa derrota ante Thiem en la final del US Open en 2020, Zverev se repuso, con trabajo y esfuerzo, ante las adversidades que le fueron llegando. La lesión de tobillo, en 2022, quedó en el olvido cuando dos años después alcanzó la final en la tierra parisina. Las expectativas se habían cumplido porque todo el mundo del tenis estaba convencido de que el alemán conseguiría uno de los «Grandes». Tampoco pudo ser, esta vez por culpa de un ciclón murciano que volvía a darle la vuelta a una final. No obstante, la temporada la acabó como número 2 del ranking y en claro ascenso en su juego, evidencias reafirmadas por toda la comunidad del tenis. Así llegó a ese 25 de enero, el de la final del Open de Australia, convencido de que su veteranía y momento de forma le harían disputar con serias garantías el título a Sinner. En tres sets consecutivos se disiparon las esperanzas de Zverev y, desde entonces, el efecto Pigmalion le mostró su otra cara.

Esas mismas opiniones que sirvieron para que el aire soplara sus velas hacia los puertos de las victorias, son las que ahora llenan de escepticismo la carrera de Zverev y empiezan a divisar el lejano objetivo de conseguir un Grand Slam. El efecto Pigmalion inverso ha sumido a Shasha en una escalada de inesperadas derrotas en los torneos posteriores al Open de Australia:  (Cerundolo en QF en Buenos Aires, Comesaña en QF de Río, Lien en R16 en Acapulco y ahora Griekspoor en R64 de Indian Wells). Parece como si el jugador alemán hubiera decidido bajar los brazos, encorsetado por los comentarios que le sitúan por debajo de la nueva hornada del tenis, de la misma forma que siempre se le percibió en un peldaño inferior a los Djokovic, Nadal y Federer. Una vez más, las expectativas remando más fuerte que las propias convicciones.

En la raqueta del alemán, de la misma forma que en el cincel de aquel escultor clásico, está la posibilidad de moldear esas expectativas que siempre ha generado el futuro de Zverev. Quizá sea el momento de dejarse de narrativas moldeadas por otros, olvidar esos malditos prejuicios que tanto atrapan y ser él quien dé forma a su ansiada Galatea, ya sea de tierra, hierba o materiales duros. Eso es lo que menos le importa a Shasha.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «PIGMALION TAMBIÉN JUEGA AL TENIS»
  1. Buenos días familia,que bien has retratado con ese relato histórico lo que a diario vemos en los demás(conocidos)y en nosotros mismos. La vida ,los acontecimientos y el paso del tiempo nos enseña que como decían nuestros mayores»toma nota de aquel que va con el espíritu positivo y la constancia le premia»Que pases buen día….

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