Aliassime-Monpellier

El tenista canadiense recupera la senda del triunfo, tras un aciago 2024, al imponerse en la final del ATP250 de Montpellier, al estadounidense Kovacevic, auténtica revelación del torneo y verdugo en semifinales de Rublev, primer favorito del torneo. Auger-Aliassime alcanza así su segundo título este año en lo que pretende ser su vuelta al Top10 que alcanzara en 2023.


Cuando aún no me he recuperado del espasmo que me ha producido enterarme del acuerdo al que pueden llegar propietarios e inquiokupas para que yo les pague el alquiler, o la indignación por saber que de mi sueldo va a salir un milímetro cuadrado para el palacete del PNV o que cada día regalo varias horas de mi trabajo a observatorios que miden el impacto que produjo el soterramiento de la M30 en las mujeres, la ATP me ha prometido que los premios que reparte en el ATP250 de Montpellier, no salen de mis impuestos. Aliviado por tan excelente noticia, me he puesto a escribir algo de cuanto allí, en el corazón de Occitania, ha ocurrido a uno y otro lado de la red.

El circo del tenis regresa a Europa para meterse bajo techo, al cobijo del frio invernal e infernal. Al menos, yo no les tengo que pagar la calefacción. Tampoco me gasto nada en presenciar las innecesarias payasadas que, torneo tras torneo, se gasta Bublik, más preocupado de lo absurdo que de desplegar su extraordinario juego e infinita calidad. Así sólo pudo llegar a cuartos, donde un disciplinado estadounidense de origen balcánico, que venía de la previa, acabó fulminándolo a base de golpes profundos y concentración absoluta. Aleksandr Kovacevic, que así se llama la criatura, ha tenido su semana de gloria al colarse hasta la final, tras haber dado una lección de juego en las semifinales ante Rublev, principal favorito del torneo.

Por la parte baja del cuadro, han brillado los de Países Bajos. El tenis holandés sigue mostrando su mejor cara con representantes como Griekspoor y De Jong. Su enfrentamiento en cuartos de final hizo que éste último se colara en sus primeras semifinales en las que plantó cara a Auger-Aliassime, segundo cabeza de serie del torneo. El primero tendrá el honor de haber sido el verdugo de la última presencia de Gasquet en el torneo de su región.

En la final ha habido más eficacia y trabajo que en toda una vida de sindicalista. En Montpellier se ha jugado esta semana al tenis sin que a mí me haya supuesto coste alguno. Aliassime sigue demostrando que no hace falta ningún escudo social, llamamientos para ir a las mariscadas, nepotismo y sueldos desorbitados. Al canadiense le basta con levantarse cada vez que cae. Tuvo que jugar ocho finales para ganar su primer título ATP y ya lleva ocho. El norteamericano, en cambio, vive como una gran victoria el acceso a su primera final porque, además de ser un parvenu en estas citas, sí ha vendido cara su derrota llevando hasta el tie-break del tercer set al vecino del norte.

Mientras busco un refugio al que huir, que me salga más barato, he decidido donar parte de mis honorarios a la ATP, antes que a un país que, bajo el epígrafe «Mejores amigos» ya propone la asistencia psicológica y sanitaria, pagada con los impuestos de todos, a los propietarios de mascotas. Pues eso, Felix Auger-Aliassime, que me digas dónde te ingreso la nómina de este mes, que aquí ya no aguanto más.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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