El tenista alemán, que no ha perdido ni un sólo servicio en lo que va de Masters, ha superado en dos sets a un recuperado Alcaraz que, adelanta así, su presencia en Málaga para preparar la fase final de la Copa Davis. Ruud, segundo clasificado del grupo, se enfrentará al otro favorito del torneo, Jannik Sinner. Por su parte, Shasha Zverev intentará imponer su extraordinario momento de forma ante un Fritz que busca mejorar su anterior participación, la de 2022, en la que cayó en semifinales por un doble 7-6 ante Djokovic.
Decía Don Miguel de Unamuno y Jugo que, es mejor no leer, que leer a medias. El insigne escritor vasco hacía esta advertencia para evitar las generosas expectativas que todos nos hacemos, tras un rápido vistazo por alguno de esas obras de la literatura universal, que bien merecen un buen puñado de horas de lectura y otras tantas de reflexión. Carlos Alcaraz ha decidido, esta tarde en Turín, no empezar con las páginas de un libro titulado «Masters Finals 2024» por miedo a dejarlo sin acabar. El murciano ha preferido encargar, en su particular Casa del Libro, el de «Grandes éxitos de la Davis», en el que aparece, por última vez, como protagonista un tal Rafael Nadal.
Las expectativas que se habían creado para este final de temporada en el tenis español eran mayores que las que se crean algunos universitarios de determinadas facultades de Ciencias Políticas con el conocimiento, «podemos» dar ejemplos. Todo lo que ha ocurrido tras la final de los JJOO, e incluso ésta, ha sido un absoluto desastre. Por salvar algo, excluyo el ATP500 de Pekín, pero nada más. No hay peor cosa en esta vida que la pretensión, el tener expectativas por alcanzar algo, un indeseable deseo que acaba atrapándote. Descartado Nadal, Alcaraz nos hizo albergar ilusiones en un USOpen en el que fue humillado por Van de Zandschulp, no brilló al nivel esperado en los Master1000 de Shanghai y París Bercy y esta tarde un gigante alemán ha terminado el trabajo que empezó Ruud el pasado lunes y que le aparta, un año más, de cualquier opción de erigirse como Maestro del Tenis.
Tras un primer set de altísimo nivel que cayó del lado del germano por una genialidad en el tie-break, las posibilidades que le quedaban a Alcaraz por pisar las semifinales del Masters eran tan pocas como las que tenemos de averiguar quienes son los responsables de la mala gestión tras la DANA valenciana. Las opciones de cuanto tenía que ocurrir para que no cogiera el vuelo a Málaga hoy mismo se tornaban más complicadas que hacer una gestión básica con la Administración General del Estado en nuestros días. Así que, tras lo ocurrido, Alcaraz viaja ya a la Costa del Sol y se deja de citas previas, certificados digitales y códigos de confirmación en su móvil que garanticen la ley de protección de unos datos que hoy, sin ser malos, han sido superados por los de Zverev.
Alcaraz ha caído en los peores vicios de la oratoria. Su juego espectacular, cargado de puntos espectaculares, ha resultado vacío de efectividad. La eufonía de sus golpes ha sido inservible para alcanzar el objetivo. Ahora, como si de un político se tratara, se construirá un relato que difumine unos errores que cuestan caros, no a quien los comete, sino a quien los paga, que es todo el tenis español. Eso sí, Alcaraz ya piensa en devolvernos, todos los disgustos acumulados en los últimos meses, con un capítulo histórico en la Copa Davis. Ahí sí quiere hacer una lectura completa y detenida junto al Quijote del tenis español.
La crónica anterior sobre el 3nfermo imaginario tiene una continuidad en la crónica del último enfrentamiento de nuestro «casi» enfermo, al que hoy, en un magnífico encuentro ante un alemán total y absolutamente sano de ideas y de forma le ha superado, bien es cierto que de no ser por un par o tres grandes puntos podría haber caído el partido a su favor.
Pero no hay mal que no se pueda curar con una Copa Davis, como medicina.
Peor solución tienen los valencianos y el resto de ciudadanos enfermos tanto física como moral y económicamente por ese virus que les atacó y al que los médicos encargados de su prevención y de su cura rápida para evitar contagios no se dieron por enterados para actuar hasta pasados cinco días y eso que contaban con los mejores cirujanos, enfermeros y materiales para evitar que se propagaran los efectos de ese virus.
Ahora todos son reproches pero una vez pero aparecen los responsables con una billetera con la que tapar su falta de atención cuando era verdaderamente necesario, todo lo tapa don dinero aunque para las vidas perdidas esto no sirve de tapadera, o no debería de servir.