El jugador francés acaba con el sueño adolescente de Michelsen y completa la excelente gira de hierba con el tercer título ATP de su carrera, tras los conseguidos en s’Hertogenbosch y Winston Salem. El joven jugador norteamericano, de tan sólo 18 años, ha alcanzado la final de un torneo ATP en su segunda aparición en torneos de este nivel.
Nunca me he fiado demasiado de la autoría de muchas de las citas que se atribuyen a personajes históricos. No me imagino a Mark Twain, Winston Churchill o el mismísimo Cicerón diciéndole a alguno de sus discípulos: «apunta esta frasecita que me acabo de inventar, que dentro de unos siglos verás como alguien la utiliza para parecer más culto». Pues eso, ahí voy yo con la mía. Esta sentencia que se le atribuye a Napoleón, y que probablemente pronunció tras Trafalgar, Bailén o Waterloo, es: «La victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana». Anoche, todos los líderes políticos de nuestra piel de toro, incluidas las prótesis que quieren separarse, botaron de emoción en sus púlpitos con los votos recibidos, erigiéndose en campeones de un torneo en el que tardaremos en ver la entrega de trofeos. Pues bien, en Newport, Rhode Island, sí que se puede decir que Adrien Mannarino y Alex Michelsen, tienen razones justificadas para abrazar las caricias del éxito y alejar los sinsabores de la derrota.
Mientras el circuito recupera la tierra europea con torneos como Gstaad y Bastad, los Dupont y Dupond del tenis, unos cuantos jugadores han preferido continuar con su gira vegetariana y pastar en pistas de hierba estadounidense. En Rhode Island, el más pequeño de los estados norteamericanos, el tenis prolonga la hierba londinense con el último de los torneos sobre esta superficie. Un buen puñado de especialistas en la materia han luchado por arañar unos cuantos puntos más sobre el verde: Cressy, Paul, Duckworth, Broady, Anderson o el mismísimo Isner. Por eso, como diría Séneca, otra cita más para parecer profundo, «existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y lo que ya está determinado». Por eso, como hay azar y destino, la fatalidad le ha llegado a todos menos dos: Mannarino y Michelsen.
El francés, uno de los jugadores con un juego más reconocible del circuito, atraviesa una excelente racha que le ha llevado a la final del ATP250 de Mallorca y los cuartos de final del Queen’s y s’Hertogenbosch, donde se ha impuesto a jugadores como Medvedev, Fritz o De Minaur. En Newport, el francés se ha adaptado tan bien como hicieran sus antepasados durante el apoyo al levantamiento de las trece colonias que acabaron con la declaración de la independencia del dominio británico, exportando así su revolución al otro lado del océano. Estoy seguro que de esto no sabrá nada Alex Michelson, un adolescente de 18 años que ha jugado su segundo torneo ATP y ha deslumbrado a todos con importantes victorias ante especialistas como Cressy, Duckworth, McDonald e Isner. En la final, el galo impuso su juego calmado y de ángulos imposibles para alcanzar el tercer torneo ATP de su carrera por un tanteo de 6-2, 6-4.
Ni en sus mejores sueños, este imberbe californiano hubiera imaginado una semana tan redonda como la que ha disfrutado en la otra costa de su país. A él nadie puede decirle que no es el triunfador del proceso selectivo de este torneo, aunque si a los datos nos ceñimos, el único que puede presumir de haber ganado es Mannarino. Sólo el tiempo nos dirá cuál de los dos rentabiliza más los éxitos de hoy.