El jugador argentino remonta un partido en el que Ramos se puso por delante, para alcanzar su primer título ATP de su carrera. El jugador de Mataró, que ya ganó en Gstaad en 2019, entregó el segundo set (0-6) y no pudo contener el juego ofensivo de Cachin. Al tenis español se le escapa uno de los torneos más propicios de la temporada.
El tenis no se reduce a los Nadal, Djokovic y Alcaraz. Debajo de lo que nosotros apreciamos como un iceberg de estrellas del tenis, están el 90% del bloque de hielo que forman jugadores como Cachin, Ramos, Kecmanovic, Hanfmann, Munar o Varillas. Tampoco todos los sitios que buscamos para pasar nuestros días de vacaciones son Saint-Tropez, Sotogrande, Davos, Saint Moritz, Cornualles o Gstaad. No hay que hacer de menos a Benalmádena, Torrevieja o Benidorm. Pero ha sido en Gstaad, en la exclusiva ciudad suiza del cantón de Berna, donde se ha disputado esta semana uno de los torneos de tierra batida más longevos de la Europa central. En esta elitista estación de esquí, en la que suelen descansar buena parte de la más rancia realeza del viejo continente, un trabajador del tenis se ha convertido en rey por un día de este deporte.
A sus 28 años, el jugador argentino, es consciente de lo que cuesta un peine. Profesional desde 2013, es uno de esos esforzados del circuito que araña puntos en los torneos Challenger para poder entrar en cuadros que le den opciones a participar en grandes torneos. En Gstaad, el jugador que ahora entrena Alex Corretja, ha estado impecable e implacable durante toda la semana. Tras un inicio contundente ante Taro Daniel, superó a Roberto Bautista, nº1 del cuadro, en un igualado partido que se decidió tras dos muertes súbitas. El trabajo continuaba con una nueva victoria ante otro jugador español, Jaume Munar y en semifinales ante el jugador de la previa Medjedovic. Mucho trabajo a sus espaldas para llegar a la primera final ATP de su carrera. En el tenis, como en la vida, nadie te regala nada, aunque te prometan el oro y el moro y te digan que disfrutan planchando y durmiendo dos horas.
Otro que sabe mucho de esto es Albert Ramos-Vinyolas. No me lo imagino como liberado sindical del circuito esperando que los torneos le den una invitación para entrar en segunda ronda directamente. A sus 35 años, al «maresmeño» nadie le ha regalado nunca nada. Muchas horas de esforzado entrenamiento pasando bolas bajo las más duras inclemencias meteorológicas han marcado en su rostro esas mismas líneas que sus golpes siempre han buscado. Hoy sabía que las necesidades que traía Cachin en su mochila se lo iban a poner muy difícil. Por eso, Ramos salió decidido a atacar imponiendo su mayor experiencia en estos partidos que el sudamericano. La primera manga cayó del lado del jugador español (3-6).
Los currantes del tenis saben que para flotar en el circuito no basta con ser un iceberg. Si el hielo flota es porque es menos denso que el agua salada, pero en el tenis ya son todos cuerpos ligeros y su densidad se mide en la cantidad de golpes que son capaces de devolver a la otra pista. Así es como Pedro Cachin ha endosado un 6-0 en el segundo set a Ramos-Vinyolas. El de Mataró no sabe conjugar el verbo rendirse, así que, cuando cortó la racha en el tercero, ya iba un break abajo. Sólo la experiencia, cambios de altura y mucho oficio del catalán consiguieron igualar el set a cinco juegos. El rostro de Ramos mostraba más el cansancio del esfuerzo realizado que la satisfacción de haber conseguido anular la ventaja. Un último esfuerzo del jugador argentino fue decisivo para quebrar el servicio de su rival y confirmar la victoria con su servicio.
Al tenis español se le ha escapado uno de sus torneos fetiche que viene ganando con excesiva fruición desde 1972, cuando Andrés Gimeno ya probó las mieles de semejante paraíso entre montañas. De las 54 ediciones del ATP250 de Gstaad, los españoles han ganado en 16 ocasiones y han sido finalistas en 11 ocasiones. Bruguera, Corretja, Emilio Sánchez Vicario, Granollers, Ramos, Mantilla, Albert Costa y Nico Almagro han puesto una pica en Gstaad.
Cachin se ha coronado como vencedor en una tierra en la que no están acostumbrados al trabajo y al esfuerzo. Pero, el argentino sabía que ya no está en la edad de recibir 20000€ por su cara bonita, ni llega a la de ir al cine por 2€, así que, enfundado en su mono de trabajo, ya puede ponerse a montar una bonita vitrina de IKEA donde colocar su primer título ATP y seguir trabajando para que no sea el único. Él sabe, por propia experiencia, que, para SUMAR más, sólo debe confiar en su esfuerzo.
Efectivamente, para progresar y sumar… hay que trabajar y como en todos los campos de la vida y evidentemente en el tenis también, el trabajo da frutos.