Un año después de salir en silla de ruedas de la Phillipe Chatrier, el alemán regresa a las semifinales para enfrentarse a Casper Ruud, finalista en 2022. Etcheverry, convidado de piedra en estos cuartos, ofreció más resistencia a Zverev, a quién le quitó un set, que Rune, que sólo dio muestras de su clase en el tercer set.
En las religiones orientales existe la creencia de que toda acción tiene una fuerza interior y dinámica que influye en las sucesivas existencias del individuo. Es lo que las nuevas generaciones llaman el Karma. En occidente, nuestra tradición paleocristiana suele hablar de Justicia Divina, basada en la fe y apoyada en la convicción de que Dios impone la auténtica justicia, dando a cada uno lo que merece. Esta tarde en París, esta energía trascendente que se deriva de los actos pasados ha premiado al bueno de Shasha y ha castigado a Holger el travieso.
Si hace tan sólo un año, Zverev salía en silla de ruedas de la central de Roland Garros, hoy ha entrado como una moto. El alemán tenía la necesidad de confirmar que ya está de vuelta. Tras una gira de tierra batida con más sombras que luces, Shasha se ha encontrado un partido de cuartos de final sin Medvedev ni Sinner, que eran los cabezas de serie de su parte del cuadro. La Ocasión, (que para quien no lo sepa era una diosa grecoromana), la pintan calva, y Zverev se propuso no perder la oportunidad que se presentaba, pues no suelen aparecer dos veces. Su rival Tomás Martín Etcheverry, un terrícola argentino que está explotando esta temporada con dos finales ATP, en Houston y Santiago, y que se había colado en estos cuartos de final sin ceder un sólo set y dejando fuera a Draper, De Minaur, Coric y Nishioka.
Dos gigantes de casi dos metros haciendo largos intercambios sobre una pista de tierra batida era una estampa desconocida hasta ahora. Los movimientos de ambos hacían las delicias de un público encantado de la igualdad del duelo. Dos simples detalles repartieron con justicia salomónica los dos primeros sets: 6-4, 3-6. Sólo en la tercera manga es cuando se le empezaron a ver las costuras de la inexperiencia a Etcheverry. Zverev rompía el servicio del argentino y cuidaba el suyo con mimo para apuntarse por 6-3 el tercer set. Al argentino ya no le daba la mente para remontar mientras Zverev subía una marcha para poner fin al año más difícil de su vida.
En el segundo cuarto de final de la jornada de hoy, el más interesante de los dos, se reeditaba el mismo partido de cuartos de final que el año pasado: Ruud-Rune. El noruego ganó en 2022 y lo ha vuelto a hacer hoy. Su solvencia, su seriedad y la extrema frialdad en los momentos decisivos han dado un serio correctivo a Rune: 6-1, 6-2, 3-6, 6-3, lo que pone de manifiesto que la inmadurez del danés no es exclusiva de su comportamiento. Holger sólo apareció cuando no había nada en juego. Con dos sets abajo y el partido ya entregado, Rune destapó el tarro de las esencias con golpes ganadores que destrozaron el muro noruego. Pero la esencia duró poco y, de nuevo, en cuanto la presión volvió al marcador, el danés dió muestras de preocupantes desconexiones. Ruud, como ya hiciera hace doce meses, no tuvo compasión y decidió tomarse la justicia por su mano… y, quizá, por encargo expreso de Cerundolo.
Anoche, en el Benito Villamarín se retiró Joaquín en una fiesta del deporte y del compañerismo, en la que se confundían los amigos y rivales del jugador bético. A Holger Rune le queda mucha carrera por delante, pero mucho me temo que el día que se despida de este bendito deporte va a estar más sólo que el abuelo de Heidi.
Ninguna sorpresa por el momento en el torneo. Es bonito ver resurgir a Zverev de sus cenizas. Ya veremos hasta donde llega.