El danés desperdició una pelota para ponerse 5-1 en el tercer set. Rublev obtiene en Montecarlo su decimotercer torneo ATP, el más importante de su carrera deportiva. Ya había perdido dos finales de Master1000 en 2021. La llegada de Beto Martín a su equipo le ha proporcionado mayor control mental.
La felicidad es pasajera. Unas veces se posa sobre tu hombro para iluminar tu vida y otras se olvida de tí sin causa justificada. Rublev sabe bastante de esto. Peleado a perpetuidad consigo mismo, el moscovita siempre es el primero en reprocharse sus errores hasta físicamente. Esta tarde, la estabilidad emocional, que viene trabajando últimamente con su equipo, ha sido su principal aliado para vivir el momento más feliz de su carrera deportiva.
Sobre la central monegasca, Rublev no era favorito. A pesar de su mayor experiencia, de tener mejor ranking y de haber jugado ya una final en Montecarlo, el mundo del tenis parecía rendido a un Rune que había dejado fuera del torneo a Medvedev y Sinner. Esa sensación se vio reforzada durante el primer set en el que, en medio del caos de errores no forzados, breaks y contrabreaks, el joven Holger se aprovechó de la mismo varita mágica de la fortuna que le tocó contra Sinner en las semifinales, 7-5.
Por la cabeza de Rublev pasaron las finales de 2021, en la que no pudo hacer ni un set y apenas se mostró competitivo. Ese recuerdo es el que reforzó su mentalidad para seguir luchando sin los habituales reproches. La mano de Beto Martín ya se empieza a notar. Hace tan sólo unas semanas que el psicólogo y ex-jugador de tenis, ganador de 3 torneos ATP, se incorporó al equipo liderado por Fernando Vicente con el objetivo prioritario de controlar la cabeza del jugador ruso. La aportación de Beto persigue que no le afecten tanto las frustraciones en mitad de un partido y que suelen dar al traste con muchos partidos. En el segundo set, bajo la atenta mirada de Beto, Andrey saltó convencido de que sus opciones seguían intactas. Y vaya si lo consiguió, porque acabó endosando un 6-1 a un Rune que despreciaba con su actitud, y desganado lenguaje corporal, el éxito de su rival. Las charlas con su box llenas de absurdos reproches se volvieron constantes. Mamá le exigió un último mandamiento. Borrón y cuenta nueva.
La final estaba por decidir y el danés, de nuevo, empeñado en jugar como sabe. Apoyado en su eficaz servicio y potente derecha, Holger puso la directa hasta el punto en el que, con un break arriba, tuvo una pelota para ponerse con 5-1 y servicio. Pero el tenis, como la vida, es cambiante. En ocasiones te atrapas en las redes del miedo, esa herramienta que te agarra del brazo para que no seas capaz de pasar la pelota al otro lado de la red. Rune perdió su servicio y encadenó tantos errores no forzados como aciertos había tenido al principio del set. Su actitud e insolencia dejaban mucho que desear. La juez de silla le perdonaba una penalización por doble exceso de pelota justo cuando Rublev quebraba su servicio gracias a la enésima doble falta del jutlandio y ponía el 6-5 en el marcador con saque para el ruso. A Rublev no le tembló la mano con su servicio para conseguir, entre lágrimas, su mayor éxito deportivo.
En Montecarlo, no hemos visto al mejor Rublev de la historia, pero sí al más laureado. Una mente sana y equilibrada es esencial para lograr éxitos en el tenis y eso lo ha conseguido el moscovita con la ayuda psicológica de un profesional que sabe lo que es gestionar los momentos difíciles de un tenista sobre la cancha. Gracias, Beto.
Las dos caras de la moneda. Cuántas veces se insiste en la importancia de la cabeza en los deportes y, especialmente, en el tenis. ¿Será capaz Rublev de mantener la estabilidad emocional? ¿Mejorará la actitud de Rune sobre las pistas? El tiempo dirá y nosotros estaremos ahí para verlo.
Vi el partido y mi opinión es semejante. La mano de Beto y las tonterías de Rune, facilitaron el primer Master 1000 al ruso, en un partido como mucho… mediocre.