Fritz-Montecarlo

Rune y Rublev se verán las caras este domingo en la pista Rainiero III tras remontar sendos partidos de semifinales ante Sinner y Fritz. El ruso buscará su primer título de Master1000, mientras que, para el danés, sería el segundo, tras vencer en París-Bercy.


Cuenta la leyenda que el más grande de los dramaturgos franceses, a los pocos días de estrenar la maravillosa obra, «El enfermo Imaginario» sufrió un ataque de tos que le provocaron convulsiones sobre el escenario, llevándoselo al otro barrio, desde allí mismo, para mayor gloria literaria suya y perjuicio del color amarillo, que era el que vestía durante la representación. Aunque Jean Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, padecía tuberculosis, la tradición ha querido cargar con la responsabilidad del óbito al dichoso colorcito. Vamos, que desde entonces, en el mundo del teatro, el amarillo, pasó a negro.

Esta absurda superstición no tiene ningún sentido, pero sirve para liberar responsabilidades cuando las cosas no te han ido muy bien. Esta tarde, Jannik Sinner y Taylor Fritz han tenido la osadía de salir de amarillo para disputar las semifinales del Master1000 de Montecarlo, por eso, trataré de explicar aquí, si la arriesgada elección de la indumentaria ha tenido algo que ver en el resultado final, o no,

Rune-Sinner

Dos perlas del tenis de la próxima década se veían las caras por segunda vez, tras las semifinales del ATP500 de Sofía de 2022, en las que se impuso el danés. Desde entonces, Rune no ha parado de crecer hasta el punto de meterse en los puestos de privilegio del ranking y salir como favorito de cuantos torneos juega. Junto a Sinner, y por supuesto Alcaraz, está llamado a marcar una época del tenis.

Desde el primer momento, Sinner tomó las riendas del partido apoyado en su mayor experiencia en este tipo de encuentros. Al italiano se le atragantan los triunfos pero siempre alcanza buenos resultados. Sin ir más lejos, en este 2023 ha sido semifinalista en los tres Master1000 que se han disputado: Indian Wells, Miami, en el que además llegó a la final, y Montecarlo. La fiabilidad del transalpino está más que contrastada. Su juego sólido de revés y agresivo con la derecha sorprendieron al danés con un 6-1 en el primer set.

Herido en su orgullo, el joven nórdico decidió cambiar la estrategia y, como ya hizo contra Medvedev en cuartos, dejó de darle ritmo al partido con cambios de altura y dejadas imposibles que rompían la estabilidad de Sinner. La lluvia obligó a parar el partido con 3-1 favorable al danés. Con la cartilla bien aprendida, el bueno de Holger amplió la distancia en el marcador para colocarse con 5-2, 0-30. Pero Sinner no se rinde nunca. El italiano perseveró hasta colocar el 5-5 en el luminoso y, en ese momento, Rune sacó toda su genialidad para hacer más dolorosa la herida del rival: 7-5.

El duelo seguía entre puntos inolvidables, intercambios infinitos y un público enfervorecido, que no paraba de animar al italiano sin saber que esto provocaba el efecto contrario en un Rune cada vez más motivado. Como no podía ser de otra manera, la manga se alargó hasta el 5-5 y, ahí, de nuevo por detalles, el danés supo gestionar mejor los puntos decisivos y finiquitó el partido por 7-5. Rune, con su camaleónica vestimenta de color teja levantaba los brazos en señal de victoria, mientras, al otro lado de la red, Sinner caía herido de muerte en el propio escenario de la obra ataviado con su maldita camiseta amarilla.

Rublev-Fritz

Seis veces se habían enfrentado hasta hoy el ruso y el americano, todas ellas sobre pista dura, con un balance favorable para el californiano de 4-2. Sobre tierra batida, Rublev partía como favorito y así lo demostró en los primeros intercambios en los que rápidamente rompió el servicio y la paciencia de su rival. No obstante, Fritz con la mirada de reojo puesta en el cielo ante la amenaza de una esperada lluvia que detuviera el aluvión, supo reponerse aprovechando una de esas preocupantes desconexiones del jugador ruso. Sorprendentemente, entre error y error, el set cayó del lado del californiano: 7-5.

Tocaba volver a remar. Rápidamente Rublev volvió a romper el desaparecido servicio de Fritz para dejar sentenciada la manga antes de que el parón por la lluvia pudiera beneficiar a Fritz: 6-1. El tercer set sirvió para poner de manifiesto que el pupilo de Fernando Vicente está más adaptado al polvo de ladrillo que el californiano y, con un 6-3, selló su vuelta, dos años después, a una final de Montecarlo. Al ruso se le resisten los grandes triunfos. Ha ganado 12 torneos ATP pero ninguno de categoría Master1000, donde ha perdido la mencionada final de Montecarlo 2021 ante Tsitsipas y ese mismo año en Cincinnati ante Zverev.

Fritz se marcha de Montecarlo satisfecho por sus progresos sobre tierra batida, necesarios para ocupar los puestos de privilegio del ranking, y con la eterna duda de si en la derrota de hoy ha tenido algo que ver ese horroroso pijama con el que ha salido a jugar que, además, era de color amarillo.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

2 comentarios en «MOLIÈRE TAMBIÉN HUBIERA CAÍDO EN SEMIS»
  1. Increíble analogía con el malogrado dramaturgo. Si leyeran tu crónica, alguno de los implicados seguro que estaría pensando que ojalá se lo tragase la tierra monegasca. Lo que está claro es que cuando se enfrentan 4 jugadores con ese nivel, el partido puede decantarse de cualquier lado y nos esperan unos duelos apasionantes. El futuro del tenis está asegurado.

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