Minnaur-acapulco

El hispano-australiano De Minaur consigue su primer ATP500, séptimo torneo de su carrera deportiva. Tommy Paul, que continua con su lenta progresión en el ranking, se queda a las puertas de su segundo título tras el ATP250 de Estocolmo en 2021


El hispano australiano De Minaur ya tiene su sombrero de charro que, además de protegerle del sol, identifica a los ganadores del ATP500 de Acapulco, el más importante de cuantos torneos se celebran en Centroamérica. Sin duda, éste es uno de los torneos que está tocado por la varita mágica del tenis español, Nadal y Ferrer 4 veces cada uno, Moyá y Almagro 2 y Alcaraz el año pasado han dejado una marca hispana ese puerto del Pacífico. No es de extrañar que Acapulco sea un importante hito en el circuito para los españoles. Este enclave, en el que operaba el famoso Galeón de Manila, siempre nos ha dado alegrías desde que se produjera esa conexión del sueño colombino de enlazar los territorios asiáticos por el oeste.

La identidad hispana de Acapulco persiste gracias a De Minaur, ese nervioso Urdaneta que ha tirado de su procedencia hispana, por lado materno, para sacar su raza y mejores cualidades. Paul, un jugador en clara progresión desde hace un par de años empezó el partido imponiendo esa confianza que le otorga ser un depredador del fondo de pista sobre un incansable australiano. El primer set lo cerró Paul con superioridad: 6-3.

El incansable jugador austral, cabeza de serie nº8 del torneo, decidió subir una marcha. Probablemente los recuerdos de infancia en casa de sus abuelos viendo los episodios del Correcaminos y el Coyote hicieron que se le encendiera la bombilla. No bastaba con correr como pollo sin cabeza. Se hacía necesario idear alguna trampa en forma de cambio de ritmo con bolas altas y blandas, mover a su rival de esquina a esquina hasta desquiciarlo o, simplemente, meter una bola más que su rival. Y fue así, perseverando en el nuevo guión adaptado, De Minaur fue capaz de colocar la igualdad en el luminoso con un 6-4 que ponía por delante del Correcaminos una enorme explanada por recorrer y un empinado terreno lleno de piedras para el coyote. El norteamericano Paul no encontraba los golpes ganadores de la primera manga y De Minaur siempre era capaz de colocar una bola profunda que reiniciaba el punto. El Correcaminos demostraba que no sólo era más rápido que el Coyote sino también más astuto. El mundo al revés, pero ese extraño volátil al que llamamos «Correcaminos» De Minaur ya tiene su ATP500 y su carrera no tiene pinta de detenerse.

Por lo pronto, ya tiene su sombrero charro, al que se aferra con fuerza, pero habrá que decirle que para jugar quizá sea demasiado incomodo e, incluso, le haría perder su perfecta aerodinámica.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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