El balear tuvo que sacar su mejor juego para doblegar a un excelente italiano de 19 años del que se hablará mucho en la próxima década.
Roland Garros es el torneo de Nadal, pero hoy en la Phillipe Chatrier poco se parecía a ese Grand Slam que Rafa ha ganado en 12 ocasiones. Nunca se había jugado tan tarde en Roland Garros, y no nos referimos a las noches de junio. Este año se juega en octubre, a menos de 10º, con las pelotas como piedras y una humedad que está provocando que las dejadas sean más eficaces que los winners. Todo parecía en contra para Rafa Nadal.
En frente un genio de 19 años que, colocado ya entre los 65 mejores del ranking, no tenía nada que perder y jugó suelto, sin presión y demostrando que tiene un futuro impresionante. Todo parecía preparado para que saltara la sorpresa. El primer set así lo anunciaba. Sinner tuvo varias bolas de break antes de romperle el servicio a Nadal. El balear poco podía hacer en los saques del italiano. Así las cosas, Sinner rompió el saque de Nadal y servía para llevarse la primera manga. El frío jugador transalpino sufrió en sus carnes la grandeza de Nadal. Contrabreak y tie-break sin errores devolvieron el set al rey de París.
En el segundo set, el mismo guión. El ciclón Sinner continuó demostrando que su revés a dos manos, la derecha y su control mental están ya al nivel de los mejores del circuito. Nuevo break que Nadal contrarestó en el siguiente juego. El balear sólo podía defenderse y activar el modo «no fallos». Nadal no hacía daño con su bola liftada al revés que Jannik siempre atacaba sin dejar que cogiera altura. Sólo un par de errores del italiano y la fiabilidad de Nadal hicieron que rompiera de nuevo el servicio de Sinner y finiquitara con un 6-4 el segundo set.
Sinner lo había intentado. Pocos jugadores habían hecho tanto daño a Nadal en su primer cara a cara. Por eso, en el tercero sólo pudo contemplar la implacabilidad del 12 veces ganador de Roland Garros, un torneo que sólo se parece a este en que se juega en el mismo sitio.