El jugador italiano no perdió ni un sólo set en toda la semana para conseguir su tercer título ATP. Su rival, Bublik, mostró durante la final, su mejor tenis y su lado más inmaduro.
A orillas del río Mosela, en tierras donde el sentimiento francés cobra tintes más germánicos, no sólo podemos disfrutar de un extraordinario patrimonio arquitectónico medieval, sino también de uno de los torneos ATP250 más importantes de la Galia. Fue en 1648, tras la Paz de Westfalia, que para los más despistados os recuerdo que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y dibujó un nuevo orden centroeuropeo, cuando Metz se convirtió en ciudad francesa. Han tenido que pasar 374 años para que un turinés de nombre Lorenzo Sonego, haga suya la antigua capital de Lorena.
En una zona tan acostumbrada a resolver conflictos por las bravas, han echado de menos las encarnecidas defensas de otros tiempos contra el canciller de hierro o las propias facciones hitlerianas. Los protagonistas de hoy están poco acostumbrados a los laureles de las grandes batallas. La final ha sido más bien descafeinada. Sonego, «Duce» de la eficacia y la fiabilidad que ha mostrado su lado más intolerante durante toda la semana para acabar con un ruso (Karatsev), un francés (Simon), un americano (Korda) y un polaco (Hurkacz). A los polacos siempre acaban atacándoles. En la final, le esperaba el imprevisible Alexander Bublik, el Kyrgios ruso, que se vendió a la causa kazaja por dinero y ahora da palmas con las orejas por estar fuera de la órbita «putiniana».
El primer set no fue de ninguno, sino de los servicios de ambos. El orden del azzurro fue el detalle que desequilibró la balanza del lado de Sonego. A partir de ahí todo fue inconsistencia, desequilibrio,…, vamos Bublik en estado puro. El kazajo sigue escondiéndose detrás de esa máscara de jugador genial para evitar luchar por sus objetivos. Es más fácil hacer el tonto golpeando con la empuñadura de la raqueta una pelota sencilla, que hasta un niño de 5 años hubiera ganado, en lugar de enfrentarse a un partido que hasta esa segunda manga tenía controlado. Este histrión de segunda es, en esencia, un pobre desequilibrado a quien Dios le llenó de talento pero le negó la capacidad para gestionarlos. Ya lleva 6 finales perdidas y un sólo título ATP en su bagaje, conseguido este año en Montpellier. Mucho me temo que la de Metz no será la última final perdida.
En el otro lado, Sonego. El tenis italiano sigue dando muestras de una excelente salud, por eso, no nos extraña que en un día tan importante para nuestros vecinos mediterráneos, el bueno de Lorenzo haya ganado…, y lo ha hecho por su derecha.