A la exclusión de tenistas rusos y bielorusos, y a la ausencia de puntos, hay que sumar las bajas de última hora, por culpa del COVID, de Berrettini, uno de los favoritos para ganar Wimbledon, y Cilic, finalista en 2017. Por otro lado, todo se está poniendo de cara para que presenciemos la final soñada entre Nadal y Djokovic.
Piensen por un momento. ¿Se imaginan un Wimbledon sin Federer, ganador de 8 ediciones del torneo, sin Medvedev, actual nº1 del circuito, sin Zverev, una de las principales alternativas al Big3, sin Rublev, uno de los grandes animadores del circuito, sin Berrettini, finalista en 2021 y ganador de dos torneos de hierba (Sttutgart y Queen’s) en las últimas semanas, y sin Cilic, finalista en 2017 y uno de los veteranos que viene recuperando su juego para bien del espectáculo? Pues bien, bienvenidos a Wimbledon 2022.
El despropósito continua. Si ya no entendíamos por qué el torneo impedía a los jugadores rusos y bielorusos desempeñar su trabajo por la injustificada política de agresión de su país a Ucrania, la ATP aumentó el sinsentido con la salomónica medida de no repartir puntos a sus participantes y sí restarle los conseguidos en 2021. Medida que claramente perjudica a Novak Djokovic. Ahora, cuando pensábamos que nada más podía ocurrir, vuelve a tomar protagonismo el dichoso virus.
La Gran Bretaña, la pérfida albión que tanto quitaba el sueño a Napoleón, es un país peculiar en el que mientras todos se confinaban en sus hogares para protegerse del coronavirus, su presidente celebraba fiestas. Un país que conduce al revés que todo el mundo y decide navegar a espaldas del Continente al que no le queda más remedio que pertenecer, permite jugar a cualquier tenista sin prueba alguna o justificante de pauta de vacunación, pero invita a salir a asintomáticos que, en su buena fé, han decidido ponerle un nombre a los pequeños síntomas que no les impedirían ser de la partida. Todo es muy extraño, porque la decisión es voluntaria de los jugadores en aras de proteger al resto del circuito. ¿Quién sería capaz de permanecer en el torneo como un apestado a sabiendas de que puedes contagiar a todo el que te arrimes? No debería ser una decisión que se dejara al jugador. El malestar físico de Cilic y Berrettini les ha llevado al abismo. Otros dos que tienen que bajarse de este transatlántico que en esta edición parece llamarse Titanic.
Todo parece abocado a una final Nadal-Djokovic. Nunca antes habían faltado a una segunda ronda de un Grand Slam 6 de los 11 primeros del ranking. A los ya citados anteriormente hay que sumar las derrotas de Hurkacz y Auger-Alliassime en primera ronda. Por lo tanto, sólo 5 de los mejores 11 y 3 de ellos son especialistas en tierra que nunca han conseguido grandes logros sobre la hierba londinense: Tsitsipas, Ruud y Alcaraz. La ecuación es fácil de resolver. Todo parece despejado para que Nadal y Djokovic, si no cometen errores imprevistos, se vean en la final. Eso sí, sería uno de los mejores eventos deportivos de la historia, pero sólo porque ellos juegan otra liga, la de los Grand Slam.