Los finalistas del ATP250 de Marrakech apenas superaban el 1,75cm y los del ATP250 de Houston no bajaban del 2,10cm. Goffin y Opelka recuperan la senda del triunfo.
La astucia es de los bajitos y la potencia es de los altos. Solemos colocar etiquetas con excesiva ligereza para evitar la pereza que nos da conocer a las personas de forma particular. Esta semana, el circuito nos invita a ser más precisos en nuestros juicios. En Marrakech, dos de los tenistas más bajos del circuito, Alex Molcan y David Goffin, han superado todas las rondas sin importarles la talla de sus rivales. En cambio, en Houston, los dos gigantes americanos, Reilly Opelka y John Isner, han aprovechado la ventaja, que les da eso de poner la pelota en juego desde una altura de más de tres metros, para citarse en la final.
El belga David Goffin está de vuelta. La lesión de su rodilla izquierda le ha tenido apartado de los laureles del pasado. Finalista del Masters Finals de 2017 y ex número 7 del ranking, el Michael J. Fox del tenis busca un «regreso al futuro» de éxito. En Marrakech lo ha encontrado tras una semana en la que el cuadro se le puso muy favorable al no tener que enfrentarse a ninguno de los cabezas de serie que el sorteo le había preparado. Aún así, los españoles Andújar y Carballés Baena ya le arrebataron un set en las rondas previas. Esta tarde, en la final, el zurdo Alex Molcan también lo ha hecho. El menudo jugador eslovaco, que acabó con los favoritos del torneo, (Aliassime, Van de Zandschulp y Djere) no pudo mantener el ritmo del primer set y se vio superado por un Goffin que impuso su experiencia y acierto en los momentos decisivos. La ajustada victoria se decidió por detalles, por simples centímetros, los mismos que esta tarde acercaron o alejaron la pelota de las líneas de dos de los jugadores con menos centímetros del Top100.

En cambio, en Houston, en el otro torneo ATP de esta semana, parecía que hubieran decidido bajar la red. El juez de línea, sentado en su silla, estaba a la altura de los dos gigantes norteamericanos que han llegado a la final. Isner y Opelka, dos jugadores poco acostumbrados a dar ritmo a su rival, se han citado en un escenario poco habitual para ellos: la tierra batida. Si a eso sumamos el molestísimo viento, que no ha querido perderse la final, ha dado como resultado un espectáculo extraño de sacadores fuera de su hábitat. Ahí han salido las carencias de movilidad que se les supone a los que miran el suelo desde la troposfera.
Al final, el triunfo cayó del lado de Opelka, 6-3, 7-6, quien se mostró más eficaz en el decisivo tie-break del segundo set, después de levantar un par de bolas de set para Isner. El bueno de Reilly encadena su segundo triunfo de la temporada, tras el ya conseguido en Dallas. Está claro que Opelka sigue en una nube…, en su caso tampoco tiene mucho mérito.
Muy interesante enfoque, respecto a las capacidades físicas de los deportistas de la raqueta!
Pues Si, la verdad que la altura en un tenista es muy importante, tanto para sacar como envergadura en la Red, pero por el contrario es más patoso para desplazarse(si no puedes pasarlo por arriba, pues por bajo?)