El diezmado equipo nacional de Copa Davis sufrió para vencer a la discreta selección ecuatoriana. La épica española salió en los dos tie-break del tercer set del partido de Carreño y del dobles.
Nos encanta la épica. Vamos, que nos va la marcha, para que se entienda mejor. Si las condiciones externas e internas que presentaba esta Copa Davis ya eran poco favorables para que el equipo español reeditara el triunfo conseguido en 2019, última edición disputada, tras lo visto en el enfrentamiento contra Ecuador, el reto parece aún más complicado. Eso sí, el objetivo impuesto para esta primera jornada se cumplió, (3-0), pero las dudas generadas por el equipo nacional son mayores que las que teníamos antes del inicio de Copa Davis.
Sangre, sudor y lágrimas ha pasado el combinado español para superar a una más que discreta selección ecuatoriana, cuyo mejor jugador, Emilio Gómez, hijo del mítico Andrés Gómez, está colocado en el puesto 149º del ranking ATP. Pero ya se sabe que en la Davis, la clasificación cuenta poco.
La eliminatoria ha empezado con la presencia de Feliciano López, por décimo quinta vez, defendiendo los colores de España. Ejemplo de longevidad y eficacia, aunque atenazado por los nervios y la responsabilidad de jugar por tu país, ha sacado su partido adelante en dos sets. Sin duda, la efectividad en el servicio ha sido clave para colocar el casillero español porque Roberto Quiroz, (nº 291 ATP) ha plantado cara a Feli con un juego suelto y sin presión.
Segundo turno. Hora de los nº1 de los equipos. Carreño, sobre el papel, muy superior a Emilio Gómez. Pero ya hemos dicho que esta competición, por mucho que digan sus detractores que ha cambiado con este nuevo formato, sigue guardando sus esencias. Cuando los jugadores se enfundan la camiseta de su país parecen transformarse. Y eso le ha pasado a Emilio Gómez: «Ha sido muy duro, pero al mismo tiempo fue increíble vivir este ambiente. Es la primera vez que he estado en un partido así en 20, casi 30 años de carrera. Está claro que también estoy triste, decepcionado y enfadado porque quería darle la oportunidad a Ecuador de ganar la eliminatoria. Aunque mucha gente no creía en nosotros, hemos demostrado que podemos hacer grandes cosas, y no solo en la Copa Davis». Así lo ha expresado en la rueda de prensa posterior, y lo más sorprendente: «Sé que pronto mi cabeza se calmará, pero puedo decir que esta ha sido la mejor experiencia que he vivido en una pista de tenis«.
Sin embargo el de Gijón no puede decir lo mismo. La errática dinámica con la que ha llegado al final de temporada se han multiplicado ante el ecuatoriano. Con un set abajo y a punto de perder el servicio en el segundo las cosas se le han complicado hasta un punto inimaginable. Ahñi ha sido cuando hemos visto a un Pablo más real. Como si cayera de su caballo y viera la luz divina, ha dado la vuelta al partido, no sin problemas, con n tercer set decidido en la muerte súbita tras desperdiciar una clara ventaja.
Tercera parada. El partido de dobles. Bruguera se ha visto obligado a explotar las sensaciones de Carreño, quien liberado de la presión, ha saltado junto a Granollers para lo que se antojaba un mero trámite. Pero aquí, una vez más, el orgullo ecuatoriano ha puesto las cosas muy difíciles a la pareja española. Escobar e Hidalgo han vendido muy cara su derrota, hasta el punto de llegar al tie-break del tercer set. Ahí, sólo en ese momento, se ha impuesto la cordura y Granollers se ha hecho gigante.
Épica, orgullo, sufrimiento, términos que solemos utilizar para la Copa Davis y que, tras lo visto hoy, sigue guardando mucho de los valores que siempre ha tenido. Ecuador es una selección muy inferior a la española, lo que no ha sido óbice para que nos haya sacado los colores. El domingo, nosotros seremos los ecuatorianos en manos de los rusos. Estoy seguro de que ahí sacaremos todo nuestro orgullo, porque, visto lo visto, la derrota parece cantada.