El alemán completa un fin de semana perfecto y, tras la exhibición de las semis ante Djokovic, desactiva en la final a Medvedev con un juego sin fisuras. Sascha sigue creciendo para hacerse con su segundo Master, colofón de una temporada que no olvidará.
El proceso de transmisión de las características de padres a hijos, lo que todos conocemos como herencia genética, fue estudiado por el naturalista austriaco G.J. Mendel. Gracias a su descubrimiento sabemos que los caracteres, una vez son transmitidos de padres a hijos, no se pueden separar, por lo tanto, los descendientes siempre heredan la mezcla de los caracteres de sus progenitores. Estas son las Leyes de Mendel.
El tenis no es una excepción. Alexander Zverev, entrenado por su padre, va adquiriendo esa solidez que le ha inculcado desde pequeño y la calidad en el juego en la red que ha visto siempre en su hermano mayor, Misha. Ese ha sido el tema que ha presentado el alemán en el examen final del Nitto Masters Finals para doctorarse en la universidad del tenis.
El otro candidato a la plaza lo ha hecho con un planteamiento contrapuesto. Para el ruso, en el tenis la herencia genética no se aplica. Cualquier transmisión paterno filial, o la producida por el estudio concienzudo de un estilo de juego, no suele ser efectiva. En el tenis funciona más lo innato, lo peculiar, lo diferente, lo propio de uno mismo sin que influya la transmisión genética. A esto se le ha llamado por la comunidad científica tenística «Las Leyes de Medvedev».
La final del Nitto Finals Masters de 2021, celebrada esta tarde en Turín, será recordada porque Zverev ha demostrado, mediante su experimentado juego científico, las hipótesis que manejaba en sus entrenamientos. Las tesis se alcanzan aplicando todo el rigor científico, no hay lugar para la improvisación. Hoy lo ha aplicado Sascha y los resultados le han dado la razón. Sin apuros, doble 6-4 que quedará escrito a fuego en el informe final que ha entregado al tribunal.
Lo heterodoxo, lo raro, no siempre funciona. Daniil Medvedev es un caso jamás visto. No hay ningún patrón que sirva para identificar sus alelos. Su configuración cromosómica manifiesta modificaciones jamás conocidas. El genotipo resultante es único, un caso de extraño comportamiento de origen desconocido pero que en el mundo del tenis está dando excelentes resultados, aunque no siempre. Su comportamiento es irregular, desconocido, imprevisible, desordenado, tanto en el juego como en la disposición de las botellas y enseres personales en su banco.
Los primeros intercambios parecían mostrarnos a un Alexander más nervioso, pero pronto organizó sus hipótesis y se puso a jugar. La primera de sus leyes fue la del Principio de la uniformidad. No hay que salirse de lo establecido, de la pureza adquirida y entrenada. Hay que evitar, por medio del Principio de segregación el carácter recesivo de la mezcla de estilos. Y para concluir, el Principio de la transmisión independiente para demostrar que no hay relación entre los diferentes rasgos heredados, pero que el alemán ha sabido colocar para desactivar el desorden ruso.
Dos teorías, dos estilos, dos jugadores. Zverev hoy se ha graduado por segunda vez en un Masters Finals con una excelente calificación en la que el tribunal ha valorado más los argumentos que desmontan las «Leyes de Medvedev» que su propia evolución genética.
Poco más hay que decir a tú artículo, muy bien descrito y explicado yo aquí en la escuela de tenis a los más destacados (que a veces se les iba el santo al cielo) les decía se juega como se entrena, si no pones de tu parte no llegarás a nada. Bien Fran es un honor seguirte….