La ATP nos regala cada año, en el Masters Next Gen, sus innovadoras normas para el futuro del tenis. Analizamos los cambios y lo que supondría su implantación en su verdadera dimensión social, económica y deportiva.
La Asociación de Tenistas Profesionales nos regala, cada año, su quimicefa particular. Como si de un juego de experimentos se tratara, utiliza el Master Next Gen como tubo de ensayo para el posible futuro del tenis. Las cobayas de tanta prueba son los jóvenes, los más adaptables y menos beligerantes contra el «establishment».
El torneo, que se disputa durante esta semana en Milán, presenta importantes modificaciones en las habituales reglas del tenis. Para empezar los partidos son a 5 sets que se juegan al mejor de 4 juegos con tie-break en el 3-3. Además, se permite la participación activa del entrenador y para cerrar el círculo de tanto ingenio, las ventajas se sustituyen por el «punto definitivo», al más puro estilo «bola de oro» del padel. Interesante todo, muy interesante. Está claro que hay que evolucionar y hacer atractivas rondas que no tienen mucho seguimiento mediático y largos partidos que los espectadores no pueden seguir al completo. Pero, como de costumbre no parece conveniente llevar el péndulo al otro extremo con tanta velocidad. En la vida nos movemos entre lo tradicional y lo moderno, la obsesión por destrozar lo que nos gusta porque hay que estar adaptado a los tiempos, por mucho que éstos no nos apasionen tanto como quisiéramos.
En mi opinión hay que evolucionar. El «ojo de halcón» se ha demostrado que es una buena modificación que se ha impuesto por el bien del juego y de las continuas quejas de algunos jugadores contra los jueces. Ahora, contra la máquina nadie porfía. De la misma forma, considero que la participación activa de los entrenadores, como se hace en la Copa Davis o la Laver Cup añade un elemento de interés al juego y al espectáculo. Yo lo impondría solamente para no tener que ver a Tsitsipas, y algún otro, hacer constantemente «coaching» mientras el juez de silla hace oídos sordos y mira hacia otro lado para evitar problemas. Los defensores de la situación actual, que son muchos, sostienen que se trata de un deporte individual que requiere de un control mental y emocional que sólo el jugador tiene que gestionar. Creo que tienen los días contados. Mucho me temo que las señales de mal jugador de mus, a los que los entrenadores nos tienen acostumbrados, pasarán a mejor vida y nos acostumbraremos a un tenis con entrenadores que manejan estadísticas a tiempo real de su pupilo y que pueden modificar sobre la marcha los errores del tenista.
Ahora bien, hacer que los sets sean al mejor de 4 juegos revoluciona el tenis. Las posibilidades de sorpresa y que un jugador de menor nivel derrote a otro mejor clasificado se multiplican. De los 44 sets jugados en la Round Robin de los partidos del Next Gen de Milán, 18 se han decidido en tie-break, el 41%, un porcentaje mucho más alto de los que se disputan en el circuito normal. Si entendemos que en la muerte súbita es más fácil que ocurra cualquier cosa, estamos promocionando la sorpresa por encima de la normalidad que ofrece sets más largos. Seguro que concienzudos estudios de estrategia «marketiniana» señalan que los dividendos aumentarían de forma directamente proporcional al interés del espectador, que se ofrecería más espectáculo y, por ende, mayores ingresos por emisiones y contratos comerciales. Poderoso caballero es Don Dinero. La medida no tiene visos de adoptarse de inmediato, pero, por si acaso, ahí van mostrándonosla cada año en la Next Gen, aprovechando ese ambiente agradable, desenfadado y fresco que emana de la juventud. Ellos son el futuro y la innovación. Todo va calando en el cerebro colectivo. Lo mismo ocurrió con los partidos a 3 o 5 sets. Antes muchos torneos se jugaban a 5 sets y otros incluían sólo la final con este formato. Hoy son sólo los Grand Slams… y el tiempo dirá.
Otra de las medidas que considero contraria al tenis es la supresión de las ventajas por el dichoso «punto decisivo». Otra vez la lucha por el tiempo, por no alargar las cosas contra ese maravilloso aspecto de lucha, de remontada épica, de una nueva oportunidad para que te recuperes. Ahora todo es inmediato. Es como si cada 5 minutos obligáramos al árbitro a pitar un penalty para asegurar el espectáculo. Una locura.
El tenis es un deporte en auge, el circuito tiene gran interés mediático y, puntualmente, determinadas citas como Wimbledon, Roland Garros o la Copa Davis llenan las portadas de los medios de comunicación que llegan a pagar estratosféricas cifras por los derechos de emisión de estos eventos. Ahora bien, como fenómeno social que es debe adaptarse a su época e ir, poco a poco, implantando nuevas formas, eso sí, que no afecten a sus esencias. De momento, lo dejamos en pruebas y, mientras vaya funcionando el formato actual, que sigan investigando, probando y variando.
La ATP amenaza todos los años con propuestas en su laboratorio juvenil. Miedo me da. Yo lo que digo es que si el tenis va bien…, no lo toques demasiado.
Yo también digo que si el tenis va bien…, no lo toquemos….
Buenas tardes, yo también me sumo a que las cosas que funcionan, ayudan a competir y divierte»no las toques»yo lo de bola de oro no me gusta ni en padel y set al mejor de 4 tampoco, eso poco ayuda al espectador que nos gusta ver TENIS y competición. Gracias
[…] La ATP trabaja constantemente por innovar en el tenis, por mucho que nos parezca que todo se mantiene igual desde la noche de los tiempos. El ojo de halcón, la muerte súbita o el super tie-break son alguna de esas innovaciones que llegaron para quedarse. El laboratorio de pruebas suele ser las finales de la Next-Gen. […]