El jugador ruso sorprende a Dimitrov, que acabó el partido con fuertes dolores de espalda. La falta de rodaje provocada por la cuarentena, posible responsable de la «pandemia» de lesiones musculares.
Sólo la sorpresa que está suponiendo la llegada a las semifinales del Abierto de Australia de un desconocido jugador, puede eclipsar la cadena de lesiones que está habiendo en el torneo. Aslan Karatsev llega a las semifinales del primer cuadro principal de un Grand Slam. A esto se le llama llegar y besar el santo. Nadie apostaba nada por este jugador provinente de la previa que ha terminado por arruinar los sueños de Schwartzman, Auger-Aliassime y hoy Grigor Dimitrov.
Su juego descarado, ofensivo y profundo está siendo el tema principal de todos los corrillos de tenis de estos días. ¿Dónde tenía oculta tanta efectividad el ruso de 27 años? Resulta extraño tanta eficacia repentina, pero basta ver un partido de Aslan para darse cuenta no sólo de sus acertados golpes, sino de su clarividencia a la hora de elegir los golpes y el tempo del partido.
Ante Dimitrov, otro de los que nos había sorprendido en el torneo, sobre todo con su victoria inapelable ante Thiem, ha tardado en coger las riendas del juego. La primera manga cayó del lado del búlgaro, pero pronto debió liberar tensiones y volvió a mostrar su mejor e irreconocible cara. El segundo set, para el ruso: 6-4.
A partir de ahí todo fue un lamentable espectáculo en el que Dimitrov hizo lo imposible por no tirar la toalla. Los dolores de espalda iban a más y la movilidad de Grigor a menos. Sin apenas poder realizar el movimiento del servicio, se conformaba con poner la bola en juego. A veces era un espectáculo lamentable, pero sus razones tendría el bueno de Grigor para no tirar la toalla.
En cualquier caso, aunque las lesiones son más habituales a principios de temporada, habría que reflexionar sobre cómo ha afectado la cuarentena del Abierto de Australia a la salud de los jugadores. Carreño, Berretinni, Djokovic, Zverev o las espaldas de Dimitrov o Nadal se han resentido. Daños colaterales de un intento de buscar normalidad en medio de la pandemia.