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Segunda victoria en quince días del serbio sobre Zverev, que acabó el partido con molestias abdominales. La ira de Djokovic contra su raqueta, punto de inflexión de la remontada del número 1.


Como si se tratara de un personaje de una película de aventuras que va atravesando mil y una circunstancias, a cual más difícil, así va pasando Djokovic por todas las escenas del Abierto de Australia.

Esta mañana, noche austral, Shacha Zverev parecía que lo tenía todo a favor para vengar la derrota de hace quince días en la ATP Cup. Mucho menos exigido en los partidos precedentes, sin molestias físicas, con una pista más rápido de lo habitual, que favorece a sacadores como el alemán, y yendo de menos a más en el torneo todo estaba a favor del germano. El primer set cayó del lado suyo, eso sí tras una remontada premonitoria de Djokovic que obligaría a Zverev a cerrarlo en la muerte súbita.

Zverev se anima tras el primer tie-break

La segunda manga no tuvo secretos para Nole que rápidamente rompió el servicio de su rival y terminó ganando por 6-2. Como si despertara de un sueño relajante Zverev retomó los mandos del partido y se colocó con 4-1. Ese es el momento en el que Djokovic estalló. En esta ocasión, ante la ausencia de jueces de línea, la tomó contra su raqueta. Tres golpes secos contra el suelo demostraron la fragilidad del instrumental y lo necesario que se vuelve este tipo de acciones cuando tu rabia no es controlada. No lo excuso, pero lo entiendo y hoy le sirvió de punto de inflexión. El alemán no ganó ni un juego más en el set.

El cuarto parecía, de nuevo de cara para Shascha, quien, a pesar de pedir el fisio para que le trataran de problemas en los abdominales, se puso con break arriba y llegó a disfrutar de un set-ball, pero Nole es como el ave fénix y volvió a darle la vuelta al set.

El protagonista volvió a salvarse. En las películas no suele morir nunca, pero hay géneros en los que cualquier cosa es posible. No sabemos si Karatsev es aficionado al séptimo arte.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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