No hay registros que acrediten procesos migratorios de españoles hacia Marruecos. Tampoco nos consta que nadie, en su sano juicio, escape de Miami para entrar en la Cuba castrista o saltara el Muro de Berlín desde el Oeste hacia el Este. Pero el tenis nos demuestra que es diferente y se rige por códigos diferentes. Por eso, puede resultar extraño que un español, que no va en busca de hachís, haya llegado hasta Marrakech para empezar una carrera que, todo parece indicar, va a estar llena de éxito. Para el pepinero, esta ciudad alauita será recordada porque le produjo, por primera vez, sensaciones alucinógenas sin necesidad de tener que fumarse nada.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *