Los dos Alejandros más importantes del tenis actual, con permiso de De Miñaur, se han citado en el sur de Madrid, para dirimir si el Alejandro alemán mantiene su idilio con la capital de España y los Master1000, ya que los Grand Slams se le hacen bola, o si El Alejandro español, con apellidos de fuera, cambia, las grandes expectativas que está generando su juego, por realidades, en forma de títulos ATP, que aún no han llegado a sus vitrinas. El tie-break del tercer set ha demostrado que, aunque los dos comparten ascendencia rusa, Zverev está unos peldaños por encima del malagueño.
Pista central de la Caja Mágica, domingo al mediodía, temperatura perfecta para la práctica del deporte al aire libre y el estadio lleno con ganas de ver a dos de las raquetas más afinadas del circuito actual del tenis. Vamos, que nos han hecho pensar que estábamos ante la final del Master1000 de Madrid. Pero, no. Simplemente, era la tercera ronda del más importante de cuantos torneos se juegan sobre nuestra piel de toro. España se queda sin representación en el Mutua Madrid Open para la semana definitiva. ¿Quién nos lo iba a decir hace tan sólo unos años? En el tenis no hay fronteras, pero la entrada ilegal de inmigrantes en España se convierte en anécdota si la comparamos con la ocupación masiva de estos menas con raqueta en la tierra madrileña.
El tenis está loco. Ningún jugador es capaz de repetir buenos resultados de una semana a otra. A Sinner lo apartó una controvertida sanción por dopaje. Para Zverev, la final del Open de Australia supuso el preámbulo de semanas de derrotas en primera ronda. Draper y Mensik deslumbraron en los Master1000 estadounidenses para luego desaparecer de las finales. Alcaraz y Rune, por distintas razones, han desaparecido pronto del Mutua Madrid Open. El ganador del año pasado, Rublev, ha caído pronto y el finalista de 2024, Aliassime, no ha pasado de la primera ronda. Djokovic ha perdido a las primeras de cambio ante un imberbe italiano y, para colmo, dos de los mayores detractores de la tierra batida, Medvedev y Bublik, pasan con solvencia las rondas y ya están en octavos de final.
Por eso, cuando hoy se han enfrentado Zverev y Davidovich, a orillas del Manzanares, todos hemos sentido que bien podría ser la auténtica final de un cuadro, ya de por sí descafeinado por las ausencias de Sinner y Alcaraz, y que poco a poco ha ido perdiendo a los principales cabezas de serie: Djokovic, Rune, Rublev, Fils… En el primer set, el rodillo de Davidovich arrasaba sin piedad, el terreno de Zverev. En la segunda manga, el jugador de Hamburgo ordenó su estrategia, solidificó su juego sobre el revés a dos manos y afinó su servicio para inclinar la muerte súbita hacia su lado. Todo se decidiría en el set de desempate.
La igualdad se impuso en la tercera manga hasta el dichoso juego decisivo. En ese momento, a Davidovich se le apagó la luz. Igual que cuando en 2006 a Félix Mantilla, su actual entrenador, le detectaron un melanoma que puso fin a su carrera, y a su relación con la luz solar. Escondido del astro rey bajo infinitas capas de ropa, Mantilla ha visto como Davidovich se enfundaba su capa de fracaso, una vez más, a la espera de que los buenos resultados, se alineen con los títulos. Así de difícil está el tenis. El apagón de hoy se suma a las finales perdidas de Acapulco y Delray Beach este año y la de Montecarlo de 2022 como principales fracasos de la principal esperanza del tenis español, sin contar a Carlos Alcaraz. El camino hacia el éxito está lleno de momentos amargos como el que hoy ha recorrido el Alejandro español.