Novak Djokovic y Carlos Alcaraz resuelven con facilidad sus partidos de semifinales para enfrentarse, el próximo domingo, en una esperada final de Wimbledon. Ni Sinner, ni Medvedev han podido poner en apuros a sus rivales sobre la hierba londinense. El serbio, a sus 36 años, jugará su trigésimo quinta final de Grand Slam, novena en Wimbledon, donde ya ha ganado 7 veces. Nole no pierde un partido en el All England Tennis Club desde 2017. El español, con tan sólo 20 años, busca su segundo Grand Slam en su segunda final tras la victoria de 2022 en el USOpen.
Desde pequeño he oído la fabulosa historia de un tal Atila, que era tan bárbaro que, por donde pisaba su caballo, jamás crecía la hierba. Si ya los extraordinarios planes de estudio de nuestro sistema educativo pasan por los episodios más épicos de nuestra propia historia con una preocupante superficialidad, hubiera resultado milagroso que hubiera aprendido algo sobre este pueblo de bárbaros asiáticos llamados los Hunos. Sólo la vieja enciclopedia Larousse que adornaba el salón de este que les escribe, puso fin a tanta curiosidad. Veinte siglos después de Atila y alguno menos de mi paso por el colegio, los alumnos de la ESO si oyen hablar de los «Hunos» y de la imposibilidad de que crezca la hierba, muy probablemente lo relacionarán con un tal Djokovic y un tal Alcaraz que, para ellos, son unos bárbaros del tenis que han arrasado de césped la central de Wimbledon en su lucha por ser los «hunos» de la ATP. Razón no les falta, ortografía sí.
Las semifinales de Wimbledon de 2023 han reunido cuatro de los mejores jugadores del momento. Nole-Sinner y Alcaraz-Medvedev. Lo que se antojaba para todos como dos duelos épicos que podrían alargarse muchas horas y pusieran a prueba los corazones de más de uno, al final han resultado ser dos pruebas evidentes de lo que ya todos imaginábamos. El serbio y el murciano, hoy por hoy, están muy por encima del resto de jugadores del circuito.
Djokovic es un animal competitivo que, saciado ya con su 23º Grand Slam, ahora busca nuevos retos con los que alimentar su voracidad deportiva. Su próximo objetivo es igualar a Rod Laver, quien en 1962 consiguió ganar el Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el USOpen en la misma temporada. El serbio, a pesar de sus 36 años, sigue teniendo el mismo hambre que cuando empezó su carrera. Desde que su actitud ante la pandemia le impidiera jugar más torneos, Djokovic parece haberse adaptado a jugar poco y ganar mucho. Sus apariciones en el circuito cada vez son menores, pero ni su juego, ni su elasticidad, ni su condición física se han resentido. Esta tarde, ante un Sinner perfectamente adaptado a la hierba ha sabido como asestarle tres necesarios breaks en lo que ha sido un partido más igualado que lo que el marcador refleja: 6-3, 6-4, 7-6. En la tercera manga, el italiano ha desaprovechado dos pelotas de set en las que lo único que teníamos claro es que el serbio no las tiraría fuera. Tampoco merece la pena recordar cómo gestionó el italiano un minibreak arriba en la muerte súbita. Una vez más, Djokovic no sólo demuestra que está al nivel de los mejores, sino que es quien mejor gestiona los momentos del partido. Un año hacía que no se enfrentaban el balcánico y el trasalpino. Lo hicieron en Wimbledon de 2022. En aquella ocasión también ganó Djokovic, pero en cinco sets. La evolución de Sinner ha sido inferior que el crecimiento en el control mental y emocional del serbio.
Si magistral ha sido la actuación de Djokovic, lo de Alcaraz hay que calificarlo como estratosférico, porque es superior a lo terrenal. Carlitos ha dado una lección de tenis ofensivo, de acierto, de osadía, de calidad y de alegría en el juego. Su catálogo de posibilidades cada vez que le llega la pelota a sus posesiones es infinito. Medvedev ha estado desbordado en todo momento, ha sido una marioneta en manos de un niño que sólo pensaba en divertirse. Quizá ese sea el secreto de su éxito. Su habitual forma de restar desde posiciones muy alejadas, rápidamente la aprovechó el murciano para poner en funcionamiento su excelente juego de saque-volea. El diluvio de golpes ganadores de derecha y de revés no había paraguas, ni cubierta londinense que los soportara. El ruso está acostumbrado a temporales, pero el de esta tarde le ha superado con creces.
Wimbledon, con todas sus rarezas, con esos uniformados representantes del orden público, con los orondos jueces de línea vestidos de Ralph Lauren y con el pasto desaparecido por las suelas de las zapatillas, está a punto de terminarse con la final más esperada. El número 1 contra el 2 y sin calambres que desvirtúen el espectáculo. Medvedev ha reconocido que Alcaraz está al nivel de juego de lo que ha sido el Big3. Carlitos sería bonito que el ruso llevara razón. En tu mano queda.
Gran final nos espera el próximo domingo esperemos y confiemos que Carlos Alcaraz continúe su ya iniciado periplo de victorias en Gran Slam que de continuar su «previsible» evolución serán muchas
Sillón, agua/the o café y a disfrutar de esta próxima final
Vamos Alcaraz
Esperemos disfrutar de una gran final y que el español, corte la racha del serbio.
Respecto al articulo remarco por su genialidad:
1. «Razón no les falta, ortografía sí»
2. «Su lucha por ser los «hunos» de la ATP»