El jugador chileno consigue el tercer torneo ATP de su carrera, segundo de este año, para colocarse en el nº35 del ranking. Las victorias ante Ruud y Zverev le otorgan serias opciones para hacer un buen resultado en Roland Garros. Dimitrov sigue con su particular sequía de triunfos desde que ganó las ATP Masters Finals de 2017.
Antonio Gala ha muerto. Poeta, dramaturgo, guionista, excelente conversador y columnista de éxito durante las últimas décadas del siglo XX, alimentó las necesidades literarias de todos cuantos disfrutábamos de sus manuscritos «carmesís», pasiones «turcas» y águilas «bicéfalas». Su «Tronera» diaria en El Mundo era el entrenamiento preciso y de calidad para todo buen tenista de las letras. Muchos lo daban ya por muerto, pero Gala seguía entre nosotros y seguirá estándolo gracias a su legado literario. En 2007 decidió retirarse del circuito mediático y recluirse en un convento cordobés para crear su Fundación dedicada al deporte de la creación artística. Ahora vuelve a la actualidad para recordarnos que desde que nacemos, empezamos a morir. Allá donde esté, habrá empezado a vivir. Otro que llevaba años retirado de la actualidad deportiva y renace en una segunda vida es Nicolás Jarry. En 2018 entró por primera vez en el Top100 y tan sólo un año después ya estaba entre los 40 mejores de la clasificación para ilusión de un tenis chileno, huérfano de alegrías desde que los Ríos, Massu y González se fueran a sus particulares retiros.
En enero de 2020 el espigado jugador de Santiago fue sancionado por la Federación Internacional de Tenis por dopaje al dar positivo en sustancias prohibidas. Jarry negó que fuera un consumo voluntario y que en ningún caso se produjera para mejorar el rendimiento deportivo. El obligado castigo de once meses de reclusión en su particular convento, sin pistas de tenis, se ha alargado tres años. Los éxitos de antes en grandes certámenes literarios y las listas de libros más leídos se convirtieron en obras de teatro a las que nadie iba y torneos Challenger y Futures en los que era difícil encontrar la motivación para seguir escribiendo su obra deportiva. Mucho le ha costado salir de nuevo al escenario a Jarry, pero lo ha acabado consiguiendo gracias a semanas como la que ha pasado en Ginebra.
En febrero de 2023 alcanzó la victoria del ATP250 de Santiago, pero ha sido en la gira europea de tierra batida en la que Jarry ha escrito sus mejores páginas con servicios contundentes y una derecha de las mejores del circuito. En Montecarlo y Barcelona ya enseñó la patita con grandes partidos ante Khachanov y Tsitsipas. En Ginebra sólo se ha dejado por el camino un set y tres roturas de servicio. En la final, el búlgaro Dimitrov le ha plantado cara durante la primera manga, pero nada más. Suficiente relato para que Grigor aceptará la superioridad del sudamericano: 7-6, 6-1.
La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante, decía Gala en una de sus frecuentes intervenciones de los 90. Para Jarry la felicidad es haber vuelto al circuito para ofrecernos todo el repertorio tenístico que aún tiene dentro y que su afilada raqueta quiere contarnos con la misma belleza y eficacia que tenía el mejor poeta cordobés, nacido en la Mancha.
Emocionante historia de redención. Esperamos que una vez dejados atrás los escándalos de dopaje, pueda dar su mejor versión. De momento, este año puede darse por satisfecho y ya veremos si nos da alguna sorpresa más.
Enriquecedor artículo del que me quedo especialmente con dos frases de Gala: «Desde que nacemos, empezamos a morir» y «La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante»