Madrid y Roma también experimentan con el nuevo formato propuesto por la ATP para ampliar los Master1000 a dos semanas y con un cuadro de 128 jugadores. Las opiniones de espectadores y tenistas se reparten entre los defensores del formato nuevo y los que prefieren mantener el antiguo. Analizamos los pros y contras de este nuevo formato.
Aún continuo intentando reponerme del insufrible espectáculo carnavalesco del festival de Eurovisión. Mi terapia intenta buscar argumentos que justifiquen la perversa ambición de esas mentes inquietas que, en su afán por innovar, destrozan hasta los formatos más exitosos. Esto es lo que viene siendo, durante toda la Historia, la eterna disyuntiva entre innovar o disfrutar de lo que hemos conseguido. La batalla lingüística la tienen ganada los primeros, porque se han apropiado de los términos progreso, desarrollo y avance. Los disfrutones de las grandes ocurrencias, esos que deciden acampar un tiempo alrededor de una brillante idea, son los conservadores, reaccionarios e inmovilistas. Esta claro que los primeros van ganando la partida claramente y a las pruebas me remito: el Chiquilicuatre anoche hubiera sido de los retrógrados.
Y digo esto no porque esté interesado en hablar de ese Carnaval de Cádiz sin gracia, y con peores voces, que padecimos anoche, sino por la última innovación que se ha sacado de la manga la ATP: los Master1000 de dos semanas. No hay más que sacar a pasear el micrófono por el circuito para darse cuenta de la variedad de opiniones entre los protagonistas de este circo de la raqueta. De momento, cuatro de los cinco Master1000 que se han disputado durante 2023 han aplicado la nueva modificación: cuadros de 128, en los que los 32 primeros clasificados pasan directamente a la segunda ronda, y dos semanas de competición, acercan la apariencia de los Master1000 a los 4 Grand Slams. Sólo Montecarlo, este año, ha decidido mantener la fórmula del éxito, en el que es uno de los torneos más valorados por los jugadores.
El pionero de esta modificación ha sido Indian Wells, que lleva algunos años adelantando su inicio al fin de semana anterior, lo que lo convertía en un Master1000 de diez días. A raíz del éxito del torneo californiano, la ATP ha extendido el formato a torneos como Miami, Madrid y Roma que, gracias a las instalaciones que poseen, pueden asumir un evento de 15 días. Vamos, que la ATP ha puesto a la gallina de los huevos de oro a producir más.
Las opiniones de los protagonistas, como siempre, son variopintas y difieren por los propios intereses que tengan. Bautista o Murray, por ejemplo, ya han salido a defender el formato tradicional que les permite menos viajes y poder estar más tiempo por casa. Otros, como Carballés están encantados porque pueden entrar en el cuadro principal sin jugar previa, asegurándose unos ingresos y puntos mayores a los que obtendrían ganando un Challenger. Es más, en algunas ocasiones, aún perdiendo en primera o segunda ronda, los jugadores tienen opciones de participar en uno de estos torneos que la ATP ha montado en la segunda semana del Master1000.
Por su parte, uno de los que en principio iba a ser principal beneficiado de este cambio, era el espectador. Dos semanas, más partidos y mayor posibilidad de adecuar las apretadas agendas personales al evento. Pues bien, de momento, no parece que esa correa de transmisión entre lo uno y lo otro esté muy bien engrasada. Madrid ha aumentado los espectadores y los índices de audiencia, pero es evidente que el tirón Alcaraz y la coincidencia del largo puente festivo en la Comunidad tienen más responsabilidad en el crecimiento que la efectividad de la medida. En Roma, las cosas no mejoran. La pista central vacía mientras grandes tenistas disputan sus primeros partidos del torneo son un paisaje demasiado frecuente esta semana. Los jugadores aseguran mayores ingresos pero, como de costumbre, a costa del contribuyente. El público denuncia precios prohibitivos en medio de una crisis en el Viejo Continente que obliga a apretarse los cinturones.
El laboratorio del tenis sigue experimentando con nuevas pócimas que pretenden enriquecer nuestro deporte. Eso sí, habrá que llevar cuidado para que no se nos vaya de las manos y, en pocos años, los Tatoos y la Euphoria nos impidan reconocer el Festival de torneos y añoremos a jugadores míticos como Massiel, Karina y Salomé.
Vivimos en un mundo en el que desconozco el porqué, pero mucha masa de la ciudadanía, se ha montado en el tren de innovar y explorar nuevas experiencias, nuevos formatos, etc, despreciando de un modo infame lo ya descubierto. Esto nos lleva a espectáculos como el de Eurovisión y tantos otros que mejor ahora no refiero. Llevado a la cancha de tenis y no hace mucho, en Madrid pusimos en la superficie arena azul, ahora los cuadros los adecuamos a dos semanas; mejor nos iría en reflexionar antes de poner en práctica.
Como en otras muchas cosas, se confunden los privilegios con los derechos. Es decir, para que un jugador con escasos puntos ATP pueda participar en un torneo Master 1000, hay que aumentar al doble la duración del torneo. Puede que algún espectador de tenis, más partidos suponga más emoción, pero para el espectador medio pierde toda la magia de jugárselo todo en un periodo de tiempo muy corto. No sabemos muy bien quién sale beneficiado aquí.