El murciano alcanza por segundo año consecutivo la final del Master1000 de Madrid tras derrotar en dos sets al croata Borna Coric. En la otra semi, Struff confirma la sorpresa al vencer a Karatsev, para colocarse en la primera final de su carrera deportiva, y además…, como lucky loser.
Nada podía salir mal en la fiesta de cumpleaños de Carlitos. La selección que se había hecho de la lista de invitados ya anunciaba que si se controlaba la furia de los más revoltosos, que llegaban a primera hora, lo de los últimos en aparecer iba a ser, coser y cantar. El que ha cerrado la puerta de la fiesta ha sido Borna Coric. Un chico algo peligroso que, esta tarde, apenas ha dado guerra pero, eso sí, ha dejado el suculento regalo al cumpleañero de, su cuarta final de Master1000 con tan sólo 20 años.
Hoy Alcaraz no tenía más referencias que las externas. Nunca se había enfrentado a Coric, lo que no le impedía conocer su juego sólido y fuerte equilibrio emocional. Apoyado en el excelente trabajo de su equipo, Carlitos ha vuelto a plantear un partido serio en el que su personalidad arrolladora minimiza las posibilidades del rival. El despliegue físico siempre va acompañado de una batería de golpes que no tiene fin. Esta tarde, Coric lo ha sufrido en sus propias carnes. Los esfuerzos ímprobos por mantener su servicio se disipaban rápidamente cuando el murciano tomaba la iniciativa. Un break sentenció la primera manga en un partido en el que el público, ya no esperaba tanto el resultado final, convencido del triunfo, como uno de esos puntos vibrantes a los que ya nos va teniendo acostumbrados Charly.
El segundo set, más de lo mismo. Superioridad del jugador de El Palmar y profesionalidad absoluta de un croata que sigue recuperando sensaciones para volver a puestos de mayor privilegio que ya conoce. Ahora todo queda eclipsado por el «efecto Alcaraz». Todo parece fácil de conseguir, y no lo es. Lo de Coric es meritorio, y si hablamos de Struff, tenemos que recurrir a epítetos como «insospechados». El alemán va a ser el rival de la final de Carlitos. Nadie duda que el favorito es el jugador español, pero tampoco nadie sospechaba que un larguilucio alemán de más de treinta años consiguiera el mayor éxito de su carrera unos días después de haber perdido en la previa de ese mismo torneo.
Su rival de hoy era Karatsev, su verdugo en la previa. La paciencia de Struff y las molestias físicas del ruso han sido la combinación perfecta para que el milagro se haya producido. Hay pocos casos de lucky loser que acaben ganando torneos, pero existen. Aquí, de producirse sería una auténtica sorpresa porque, nunca las apuestas deportivas habían estado tan desniveladas. Ferrero tendrá que darle un rápido repaso a las cuestiones más básicas con el fin de que todo salga como debe salir: concentración, respeto, actitud… Ni el mismísimo Alcaraz hubiera imaginado un rival tan sencillo para la final, por eso, debe extremar el cuidado. El domingo Struff saldrá sin presión, ya lo ha ganado todo en Madrid y, en cambio, Carlitos sólo puede romper el regalo de cumpleaños que ya le han dado antes de tiempo.
Efectivamente y más en un Máster 1000, el hecho de que el alemán y perdiendo en la previa, esté a la final… Hacen que Carlos tenga que extremar la precaución.
El alemán no perderá nada en la final.
El murciano en la final no puede marcarse nada extraordinario, sólo puede hacer una cosa; cumplir y el resto sería un desastre.
¿Quién nos iba a decir que una tarta ? levantaría tanta polémica? Me gustaría saber si en un torneo bielorruso la tarta de Alcaraz habría sido más grande que la de la susodicha. Es más, si le hubieran puesto siquiera un pastel o lo habrían mandado a currar a un gulag. Desde luego, algunas no están contentas ni ganando el torneo que buscan protagonismo a costa del ganador masculino para darse a conocer. Podríamos comparar también los datos de audiencia de ambas finales, pero eso no creo que les interese. Mientras tanto, los medios catalanes encuentran otra forma de atacar a Madrid como concepto, quizá culpando también al MMO de no haber conseguido la independencia. Nunca una tarta dio para tanto e hizo quitarse la careta a tantos tontos.