La derrota ante Sonego ha despertado un aluvión de críticas sobre la actitud mostrada en la pista por el serbio que traspasa el decoro y la buena educación. En Djokovic, encontramos los españoles una cabeza de turco, alguien a quien odiar para darle un toque épico a un deporte tan noble.
Estamos acostumbrados a manejarnos en situaciones maniqueas. Nos encanta esa tendencia a reducir la realidad a una simple oposición entre lo bueno y lo malo. Ocurre en el cine. Las películas se construyen sobre buenos y malos y en la medida en la que el espectador los identifica y etiqueta mayor es su disfrute del film. Estas situaciones las solemos extrapolar a todos los ámbitos de la vida, y el deporte no es ajeno a esta estructura mental que tanto nos ayuda a vivir, colocando a cada uno en el lugar que nosotros le repartimos, sin pararnos demasiado a conocer al personaje. Esto nos ocurre a los españoles con Djokovic.
El serbio nos cae mal cuando gana, y peor cuando pierde, Y la verdad, no veo razones para que eso ocurra. Esta semana las redes sociales se han ensañado con Novak por su inesperada derrota ante Sonego. Aunque en las formas no estoy de acuerdo, sí puedo llegar a entender el fondo de sus críticas. La actitud y apatía del nº1 fue más que manifiesta, sin que esto suponga algún menosprecio por el excelente juego desplegado por el italiano. Mucho se critica su falta de profesionalidad, su desinterés y falta de respeto a los espectadores aceptando su marcha del torneo una vez conseguido su objetivo de acabar 2020 como número 1. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar que esos monstruos que juegan al tenis también son personas, con sus alegrías, sus penas, sus problemas, sus días complicados,,,?
Djokovic se ha defendido diciendo que salió a la pista muy afectado por el fallecimiento de Amfilohije Radovic una figura muy representativa en la Iglesia Ortodoxa Serbia. «Para ser honestos, no me apetecía jugar», dijo en rueda de prensa.
El serbio es una persona sensible y la competición no siempre te aleja de las situaciones especiales que ocurren a tu alrededor. En ocasiones hay resultados en el circuito que sólo situaciones de este tipo explican, pero si es con Nole de por medio, preferimos dar rienda suelta a las elucubraciones: amaño de partidos, apuestas fraudulentas, falta de profesionalidad…
Djokovic ha demostrado durante toda su carrera deportiva ser un profesional como la copa de un pino, responsable, trabajador y afectivo con sus compañeros. Con Nadal mantiene una sana y cordial rivalidad que los aficionados queremos enturbiar.
Por eso creo que todos deberíamos ser más respetuosos con Djokovic y valorar los grandes momentos que le ha dado, y dará, al tenis. Tratar de entender situaciones tan rocambolescas como la de su derrota del pasado viernes ante Sonego resulta chocante. Todo escribano hace, alguna vez, un borrón. Pensé que en este deporte era imprescindible la conjunción de físico, técnica y mentalidad y esta última no se le puede exigir a todos en todo momento, aunque sea el número 1.
Respetemos, e incluso, admiremos a Djokovic sin caer en innecesarias comparaciones. El serbio no es Nadal o Federer, la excelencia está reservada sólo para los elegidos.
[…] Todo son vaguedades que circulan alrededor de un auténtico prodigio del tenis y que hablemos de todo esto responde a eso que comentábamos en «Subiendo a la red» de ¿Por qué nos cae tan mal Djokovic? […]