Arthur Fils consigue su primer Master1000 tras derrotar a Frances Tiafoe en un partido extraño, repleto de alternativas, que acabó con 6-4, 1-6, 6-0. Doce años llevaba el tenis galo sin conseguir otro Master1000, en aquella ocasión fue Tsonga, otro negro, en Montreal. Por otro lado, al tenista de Maryland se le vuelve a escapar el triunfo en Cincinnati tras caer en 2024 ante Sinner.
En 1992, los cines estrenaban «Los blancos no la saben meter». Una película protagonizada por Woody Harrelson, en la que un par de chicos se aprovechan del prejuicio de que los blancos no saben jugar bien al baloncesto para apostar contra otros incautos en las canchas de Los Ángeles y ganar dinero. Si el basket era un juego tradicionalmente de negros, el tenis lo era de blancos. Pues bien, ayer, 23 de agosto de 2026, se ha disputado la primera final de la historia de un torneo importante de la ATP entre dos jugadores negros: Arthur Fils y Frances Tiafoe. Eso sí, la victoria ha caído del lado del más clarito.
La misma polémica que provocaron las palabras de Rajoy acerca de la nacionalidad de los franceses de la selección gala en el pasado Mundial de fútbol, habría que utilizarla para explicar que los únicos triunfos importantes de tenistas franceses proceden de jugadores racializados, que es el nuevo eufemismo que se utiliza ahora para no decir negros: Noah (Roland Garros, 1983), Tsonga (Montreal, 2014) y ahora Fils (Cincinnati, 2026).
Fils, ganador este año del Conde de Godó, llegaba al Master1000 de Cincinnati con la frustración que le ha provocado las derrotas en Washington y Montreal ante Jódar. Está claro que el madrileño le ha cogido la medida y, menos mal que Cobolli le ha liberado de encontrárselo aquí en cuartos. Sin su bestia negra, el juego de este negro ha sido bestial. En la final, ante Tiafoe, ha impuesto su juego desde el principio para colocarse con un 3-0 que anunciaba su intención por no dejarse el merecido premio, 6-4. Pero la final tendría nuevas alternativas. El partido se convirtió en un diente de sierra que dibujaba un 6-1 para el norteamericano en la segunda manga y un arrollador 6-0 para el galo en el set definitivo.
Treinta y cuatro años después las grandes pantallas cinematográficas llenan sus salas con La Odisea, adaptación del poema épico griego, atribuido a Homero, que narra la vuelta de Ulises a Ítaca tras la Guerra de Troya. Resulta inexplicable que, en el siglo VII a. C. hubiera negros en el Mediterráneo oriental, pero Christopher Nolan, director de la cinta, ha decidido pigmentar a Helena de Troya, lo que ha sido criticado por los seguidores del rigor histórico y aplaudido por quienes consideran esto como una licencia artística. El tenis es un deporte con mucho arte, pero, sea como fuere, está claro que se ha democratizado mucho en los últimos años y ya no es una práctica exclusiva para las clases altas del primer mundo. Mientras tanto, yo prefiero detenerme en la casualidad de que un francés le haya ganado a Frances. Para que luego nieguen la importancia de la tilde.
¡Bonita crónica!