Davidovich-Mallorca

Gregorio Sánchez Fernández fue un humorista español, nacido en Málaga, que descubrieron para el mundo de la comedia a una edad avanzada. Su nombre artístico fue Chiquito de la Calzada. Nunca nadie lo vio agarrar una raqueta para jugar un partidillo, pero su nombre está ligado al tenis desde que Carlos Moyá acabara su discurso como subcampeón del Open de Australia con uno de sus más conocidos ripios: «Hasta luego, Lucas». Esta tarde, Davidovich, a una edad avanzada para las primeras veces en este deporte, ha decidido ir al ataquer para conseguir su primer título ATP ante un pecador de la pradera llamado Ethan Quinn.

Hace menos de un mes, Mariano Puerta y Alejandro Davidovich dejaron de trabajar juntos. Los problemas que tenían no los arreglaba ya ni Perry Manso, así que, la llegada de Pepo Clavet al equipo de Davidovich nos ha sorprendido a todos. ¿Comor…? Sus consejos y la calma que emana desde el box han sido el balsamo diodenar perfecto para Fokina. El rival elegido, para su sexto intento al título, ha sido Ethan Quinn, un torpedo del tenis estadounidense que, en su primera final ATP, estaba más nervioso que el Capitán Garfio con un picor en semejante parte: siete dobles faltas han acabado lapidando sus turnos de servicio.

Tras un primer set muy igualado todo se tenía que decidir en la muerte súbita. Fokina acababa de perder la ventaja de un break a favor, pero, ¡por la gloria de su madre! se impuso en el tie-break. Quinn, no se dio cuen. El norteamericano desaprovechó dos bolas fáciles en las que, parecía más preocupado de ver los calcetines de colores de su rival, que la bola. Un lago negro, un lago blanco. En el marcador, 7-6 para el malagueño mientras Quinn buscaba su banco y balbuceaba el famoso «No puedo… ¡no puedorl!».

En el segundo set, Fokina salió como ese caballo que viene de Bonanza. La efectividad al servicio le permitían trabajar menos que el sastre de Tarzan, así que, al resto tenía más peligro que una gitana en el Pryca. En el sexto juego se produjo la rotura del servicio. Quinn empezó a balancearse con esos míticos pasitos cortos y rápidos, con el torso inclinado que inmortalizó el cómico. Davidovich levantaba los brazos en señal de Victoria, como ese Rincón malagueño que le vio nacer hace 27 años. El fistro de Quinn, que no tiene pinta de ser la alegría de la huerta californiana, acabó más triste que Bambi el día de la madre.

Davidovich llevaba años ensayando el discurso final. Podía haber empezado con un ¡No te digo trigo por no llamarte Rodrigo!, pero, como ya me temía, ha aprovechado el momento para acordarse de aquellos que no confiaron nunca en él, entre los que yo me incluyo. A mí, me hubiera parecido más adecuado que hiciera algo de autocrítica acabando su discurso con un «Así, sí, Alex, Te das Quinn».

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «ALEX, TE DAS «QUINN» COMO, ASÍ, SÍ»
  1. Buen artículo para darle más publicidad al ganador y sobre todo vestido y adornado con ese humor coloquial del «chiquito». Amigo Fran estás en TODAS

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