Quinto título de Luciano Darderi, todos ellos sobre arcilla, que llevan al jugador italiano, nacido en Buenos Aires, hasta su mejor puesto en el ranking ATP, el nº21. Su rival, Yannick Hanfmann, suma su tercera final perdida y amenaza, a sus 32 años, con acabar su carrera dentro del selecto grupo de grandes tenistas que nunca ganaron un torneo del circuito profesional.
El «elogio de la sordera» es un concepto paradójico, muy usado en la literatura, que destaca la capacidad de concentración, la introspección y la eliminación de ruidos innecesarios de quienes padecen de hipoacusia. Yannick Hanfmann es un tenista alemán de 34 años que tiene solo un 60 por ciento de capacidad auditiva por sufrir un problema congénito. Su pérdida de audición durante los partidos le hace sentir que todo es como un ruido, a excepción de cuando se grita mucho. Esta tarde en Santiago de Chile ha hecho uso de su alta capacidad para enfocarse en el juego, pero no se ha enterado de los golpes ganadores de Darderi, sobre todo, en esos momentos decisivos que sirven para ganar un torneo como este ATP250 del alargado país sudamericano.
El argentino nacionalizado italiano se está convirtiendo en un verdadero especialista sobre polvo de ladrillo. Con el de hoy suma cinco títulos, todos ellos sobre esta superficie. Su semana chilena ha sido dura hasta llegar aquí, con meritorias victorias ante Navone y Báez. En la final, un talentoso alemán, que le ha llevado hasta los límites del set para sentenciarlo sin la menor compasión (7-6, 7-5). Hanfmann vuelve a naufragar en la orilla, con su tercera final perdida tras las de Gstaad (2017) y Kitzbuhel (2020).
Beethoven, Edison o el mismísimo Goya consiguieron alcanzar la fama a pesar de estar más sordos que una tapia. Mucho me temo que Hanfmann no alcanzará los niveles de reconocimiento de éstos, pero ya va siendo hora de que se haga justicia y consiga su primer torneo ATP.