El jugador murciano se hace con su primer título en el Open de Australia y se convierte en el jugador más joven en haber alcanzado la proeza de ganar los cuatro Grand Slams, cosa que no consiguieron ni Sampras, ni Borg, ni McEnroe, Wilander, Lendl, Becker o Edberg. Novak Djokovic, que se adelantó en el marcador con un set perfecto (2-6), se vio superado en los tres siguientes por la calidad y energía de un Alcaraz serio, centrado y muy disciplinado en pista (6-2, 6-3, 7-5). El tenista español ya tiene siete de los grandes torneos del circuito y, aunque está lejos de la meta de los genios del Big-Three, su progresión no tiene límite. Con Nadal en la grada y Djokovic en pista, la victoria de Alcaraz se convierte en la representación perfecta de un cambio generacional en el tenis.
El escritor escocés Thomas Urquhart fue el primero en referirse al Imperio español como ese en el que a los súbditos de su rey, Felipe II, nunca se les ponía el sol. Esta mañana, noche en las antípodas, Carlos Alcaraz se ha encargado de encender la luz de España para que el tenis español no sufra un apagón. Los Austrias construyeron ese inmenso dominio español, el mismo que iniciaron Santana, Orantes, Bruguera, Ferrero o Moyá y que, ahora nos han confirmado Nadal y Alcaraz. Aprovecho ahora la mítica frase, acuñada por el literato británico, para subrayar que el tenis español ilumina el mundo desde hace tres décadas y eso es algo que, a los aficionados, nadie nos podrá quitar.
La sempiterna efectividad hispana con una raqueta en la mano, no debe minimizar la gesta de nuestro Carlitos. El rival que se ha encontrado en su primera final en el Open de Australia ha sido Novak Djokovic. A pesar de sus años, de sus movimientos menos explosivos, de su elasticidad forzada, de su artrosis contenida, su presencia no podía ser más peligrosa: diez finales en Melbourne, todas ellas ganadas. El tenis es un deporte mental que exige una técnica muy depurada y un físico privilegiado. Es necesario andar muy sobrado de esta santísima trinidad del deporte de la raqueta para alcanzar los objetivos buscados. En eso, Novak Djokovic es un experto. Así lo avalan los 24 Grand Slams que atesora y que hoy ha podido ampliar de seguir jugando como en el primer set.
Con el depósito lleno, Djokovic se ha mostrado intratable. El serbio ha abierto el catálogo de golpes, variando alturas, buscando ángulos y acortando los intercambios para cuidar el físico. En este ecosistema el balcánico es invencible, pero, tras el 2-6 de la primera manga, Carlitos se ha mostrado como la peor especie invasora. Enfundado en una armadura de concentración absoluta, que ha mantenido durante todo el torneo, este general español ha superado con facilidad la fortaleza de Nole. Una vez que ha conseguido derribar la muralla del saque del balcánico en el segundo set, Alcaraz ha ahondado en la grieta con una panoplia de puntos que, a buen seguro, llenarán durante los próximos días los dispositivos de todo el mundo (6-2, 6-3, 7-5). Ya descansan todos los que deseaban sacar a pasear a Ferrero con una derrota del murciano, pero es que, lo que es incuestionable es que, Carlitos ha dado, en este torneo, un salto de calidad en su concentración y seriedad en pista.
Djokovic es tan grande que, sabiendo que ya ha ganado 10 veces en Melbourne, ha decidido que no estaría mal perder aquí su primera final. Sus palabras de reconocimiento en la entrega de trofeos no han podido ser más cariñosas para quien ahora coge el relevo del cetro del tenis. Pero también, lo han sido para Nadal, presente en la pista, y con quien compartió inolvidables batallas por todo el mundo. El serbio lleva años preparando su retirada del tenis y, cuanto más la prepara, más éxitos va acumulando. Por lo pronto, esta semana se coloca como nº3 de la ATP, superando a Alexander Zverev.
Los ciudadanos de la España del siglo XVI no eran conscientes de la grandeza de su Imperio. Suele pasar. Nadie en su sano juicio hubiera podido imaginar que tras Nadal, podría llegar Alcaraz. Por eso, ahora, no estaría de más que, en pleno s.XXI, nos detuviéramos a analizar cómo, este país decadente en muchos aspectos, lleva más de dos décadas paseando con orgullo, por todo el mundo, los valores y grandeza de nuestra España. Y lo hace, gracias al tenis.
Atinadisima reflexión y muy brillante artículo… sobre el asunto poco más se puede añadir.
Sólo desear que verdaderamente y tal como relatas «Carlitos ha dado, en este torneo, un salto de calidad en su concentración y seriedad en pista» pues eso, que así sea y que perdure en el tiempo. Así lo deseamos todos los aficionados españoles.
¡Viva España!