Novak Djokovic buscará su 25º Grand Slam el próximo domingo, ante Carlos Alcaraz, tras superar a Sinner en una legendaria semifinal. El serbio, que fue a remolque durante todo el partido, tiró de experiencia y control mental en el quinto set para desactivar el juego del vigente campeón del torneo. A sus 38 años, intentará levantar su undécimo título en Melbourne. Mientras Nole quiere convertirse en el jugador más veterano en hacerse con un Major, Alcaraz sueña con erigirse como el tenista más joven de la historia en ganar los 4 Grand Slams.
David Uclés ha decidido no participar en el Foro sobre la Guerra Civil, que se iba a celebrar en Sevilla bajo el título: 1936: la guerra que todos perdimos, haciendo uso de su democrático derecho a hacer lo que le da la gana. Con su decisión, el escritor jiennense ha presionado a los organizadores con la intención de silenciar la voz de los que piensan diferente. El intolerante nuevo cultureta se apropia de la Verdad para llenarse de razón. Es la mala costumbre, cada vez más extendida en nuestra sociedad, de pensar que hay ideas superiores a otras, casualmente las nuestras, y es siempre mejor silenciar a nuestro interlocutor, de forma injustificada, que convencerle con argumentos. La superioridad que evidencian desde hace un tiempo Alcaraz y Sinner está acallando al resto de tenistas del circuito. Una pléyade de raquetas sueñan con debatir sobre cualquier tema con estas dos bestias del tenis. La dictadura de esta pareja hispano italiana solo es cuestionada por una voz más que autorizada, la de Novak Djokovic, quien a sus 38 años cumplidos exige el respeto de todos. El balcánico ha leído, en la segunda semifinal del Open de Australia, su ya manido discurso hasta el final, y ahí ha dejado claro el mensaje de que en el tenis, «hasta el rabo todo es toro».
Esta semana, con tremendo desacierto, se le cuestionaba a Nole en rueda de prensa, que su carrera estaba marcada por sus ansias de superación respecto a Roger y Rafa, y ahora, de Carlos y Yannik. Curiosa forma de silenciar al más grande de la historia, de opacar sus 24 Grand Slams. El serbio reivindicó su papel con una intervención que pasará a los anales del tenis y que ha dejado un resultado de 3-6, 6-3, 4-6, 6-4, 6-4, un auténtico thriller de cuatro horas y nueve minutos.
Djokovic ha agradecido a todos aquellos que dudaban de su capacidad, porque ellos son la fuente de su motivación diaria. Es evidente que descartar al serbio de las quinielas de cualquier torneo es una injustificada osadía que no podemos permitirnos. Nadie debería silenciar su voz mientras se mantenga en activo en el tenis y, cuando ya no lo esté, cuando sea un dinosaurio del deporte, no deberíamos silenciar su mensaje. Que los Pérez Reverte del tenis no duden a la hora de invitarle para todas las jornadas, seminarios y observatorios del mundo para que las nuevas generaciones conozcan la verdadera historia del tenis. Y, a quien no le guste, pues que circule.