El estadounidense Brooksby consigue su primer título ATP al imponerse, a su compatriota Tiafoe, en la final de Houston, por 6-4, 6-2. El californiano, colocado más allá de la posición 500 del ranking, supera, de esta manera, dos años de lesión de muñeca que le habían apartado del circuito.
Desde que, en 1970, el tenis decidiera crear un circuito profesional bajo una misma organización, a la que se adherían todos los torneos existentes en la época, hemos vivido una etapa de globalización en nuestro deporte, que se parece mucho a lo que ha ocurrido en otros aspectos de la vida a nivel mundial. Este sistema de cooperación internacional tiene sus orígenes en el siglo XVI, con rutas comerciales como la del Galeón de Manila, pero cobró especial relevancia a partir de la Segunda Guerra Mundial. Con la llegada a la presidencia de EEUU de Donald, este sistema económico está sufriendo un importante retroceso por la obsesiva imposición de aranceles a los productos extranjeros y la pertinaz protección de los mercados nacionales. El tenis no es ajeno a cuanto ocurre fuera de la pista y en Houston hemos visto la primera consecuencia que mana de estas políticas proteccionistas que pretenden salvaguardar el producto propio y penalizar la presencia extranjera en los mercados. En el ATP250 de Houston, que se ha celebrado durante esta semana, los ocho cuartofinalistas del torneo eran estadounidenses.
El libre mercado de tenistas ha parecido alinearse con las políticas trumpianas y ha colocado a Paul, Smith, Brooksby, Kovacevic, Eubanks, Nakashima, Michelsen y Tiafoe en los cuartos de final del ATP250 de Houston. Es la primera vez en la era abierta del tenis en la que ocho jugadores de una misma nacionalidad acaparan la antepenúltima ronda de un torneo de esta categoría. De toda esta materia prima yankee, el que ha llegado al punto de venta final con mayor valor de mercado ha sido el que menos esperábamos: Jenson Brooksby, que se ha impuesto en la final a un valor ya contrastado como es Frances Tiafoe.
El jugador de Sacramento, colocado en el puesto 507 de la ATP, al iniciarse el torneo, se convierte en el tercer ganador de la historia, de un título del circuito, con peor clasificación. Prueba de esta gesta, fraguada desde la fase previa, es que ha tenido que levantar hasta tres pelotas de partido en contra durante el torneo. En su haber hay que resaltar que la tierra batida es la superficie menos favorable a su juego y que, además, ha sido el verdugo de los tres primeros cabezas de serie, Tommy Paul, Frances Tiafoe y Alejandro Tabilo.
El californiano entra ya en el Top200 de la ATP y sueña, si la maldita lesión de muñeca que le ha apartado del tenis los dos últimos años se lo permite, recuperar ese puesto 33 que ocupó allá por junio de 2022.
En ocasiones, el tenis se parece demasiado a la vida real. Si aplicamos aranceles al tenis irá en detrimento del espectáculo y del nivel del mismo deporte. Por eso, habrá que desviarse de la dinámica iniciada en Houston y evitar que los que quieren poner fronteras al tenis disfruten viendo ganar a un francés Roland Garros, cosa que no ocurre desde 1983, a un australiano el Grand Slam de las antípodas, lo que no pasa desde 1976, acabar con los 22 años que hace que un estadounidense no gana en el USOpen o los nueve que han pasado desde que lo hiciera Murray en Wimbledon. Dejemos que el tenis se rija por las normas del libre mercado, de lo contrario, habrá que decir eso de «Houston, hemos creado un problema”.
Buena crónica sobre este último torneo libre de tasas arancelaria que tal y como están las cosas con el Sr. Donald podría por apoyar su producto nacional, proponer una tasa a la inscripción que reduciría las inscripciones de los no nacionales en sus torneos.
Pero como este es un deporte globalizado, confiemos en que no suceda, claro que se le podría ocurrir incluir aranceles a los patrocinadores extranjeros de los participantes, para preservar la industria nacional, confiemos que ello no llegue a término y sigamos disfrutando de enfrentamientos de jugadores del mundo mundial.
Cómo siempre… muy agudo!!!
Pues si, es sorprendente e insólito que en un ATP y en la antepenúltima ronda, todos los supervivientes sean de la misma nacionalidad.