Una vez más, Stefanos Tsitsipas se convierte en la primera sorpresa de un Grand Slam. Con 26 años, cuando debería estar en el pico de su vida deportiva, el griego parece situado en el declive de su carrera profesional. Alejado ya del Top 10 y desligado de la alargada sombra paterna, el heleno reconoce haber perdido el interés por el tenis. Hace, tan sólo dos años, fue finalista en el Open de Australia, donde cayó ante Djokovic tras haber superado a Sinner, Khachanov y Lehecka. Hoy, ha caído ante Alex Michelsen, un chico de 20 años, colocado en el puesto 42 del ranking ATP.
La filosofía griega nos ha dejado un amplísimo repertorio de ideas y enseñanzas para entender la realidad del pasado, pero también del presente. Hoy se hace necesario detenernos en el concepto de la ataraxia, que era como los helenos llamaban a la conquista de la calma, ese privilegio de alcanzar la suficiente fortaleza interior como para enfrentase con serenidad a la adversidad. Stefanos Tsitsipas, filósofo del tenis actual, tras caer en la primera ronda del Open de Australia ante Alex Michelsen, ha declarado que ha perdido el hambre que tenía hace tan sólo unos años. Ahora reconoce que hay muchas cosas que merecen la pena más allá de esa pelotita de pelo amarillo, que no para de golpear hacia el otro lado de la red. La felicidad no es propiedad del tenis, o al menos la suya.
Antes fue Mecir, ahora Tsitsipas y, probablemente, pronto será Rune. Todos ellos son ejemplos del poder que tiene el aspecto psicológico en el tenis. Su influencia es tan grande que es capaz de describir fracasos absolutos de jugadores que deslumbraban al mundo del tenis poco tiempo antes. Habitualmente, el ser humano suele dar más valor a las experiencias negativas que a las positivas, y eso, en el tenis se convierte en el campo de cultivo perfecto para sembrar las dudas e inseguridades justas con las que empiezan a llegar los malos resultados. Este enfoque predeterminado de negatividad es el que hace que, tras seis derrotas en seis enfrentamientos, Tsitsipas tenga siempre un bloqueo mental cada vez que se enfrenta a Alcaraz. Esa es la lucha interior que ha superado el heleno.
Este Maestro del tenis, en 2019 ante Thiem, fue finalista de Roland Garros (2021) y Australia (2023), cayendo las dos veces ante Djokovic y ganador de 3 Master1000, los 3 en Montecarlo, ha encontrado otras motivaciones fuera del tenis que le han convertido en un jugador menos competitivo en el circuito. En las antípodas del griego, ahora que estamos en Australia, está Djokovic. El serbio sigue obsesionado con el tenis. Su vida, su felicidad y su calma interior están en el deporte de la raqueta tras haberlo ganado todo. Bastaba con ver su lenguaje corporal tras remontar el partido ante Nishesh Basavareddy, un jovencito al que dobla en edad y que está llamado a grandes éxitos en el tenis.
El viaje de Tsitsipas discurre por la dirección contraria a Nole. El heleno no pretende ya cumplir sus sueños tenísticos, sino liberarse del sufrimiento de no haberlos alcanzado. La paz interior del heleno está en considerar seriamente la ausencia de toda ambición. Sus sueños ahora son menores, están fuera de la cancha y son tan terrenales que cabrían en una sola baldosa.
En el tenis, en la medida en la que nos concentramos para desarrollar nuestras habilidades y disfrutar con lo que hacemos, evitando lo material, los resultados, la presión por alcanzar los objetivos, habremos conseguido la ataraxia. La cultura occidental ha manejado mucho este concepto que persigue alcanzar los objetivos personales desde la búsqueda de la paz interior. El cristianismo lo importó con las reconocidas palabras de Jesucristo «Mi paz os dejo, mi paz os doy» y, ahora, por lo que parece, recoge en su causa a un Stefanos cargado de pecados del pasado competitivo que arrastra.
El propio Aristóteles, paisano de Tsitsipas, ya aseguró hace unos cuantos siglos que todos los actos humanos tienen como fin alcanzar la felicidad. El tenista heleno tiene pinta de que sus acciones difícilmente le permitirán recuperar su mejor versión deportiva, pero, gracias a sus antepasados, ha sido capaz de alcanzar la ataraxia para darle la vuelta al partido más importante de su vida.
Para el tenis, cómo para cualquier otro ámbito de la vida, la estabilidad mental, el equilibrio y la pretensión de la felicidad, son indispensables para que todo funcione adecuadamente. Si el aspecto mental no va bien, los resultados, no suelen ser los idóneos.
La azotea de Stefanos no es el mejor referente y está circunstancia y si hablamos de tenis… «mal asunto».
Pues si, Tsitsipas ha conocido que cuando los resultados no acompañan, sea por la inconcentracion o por que pasaba por allí algo/alguien que podía llenar de felicidad su existencia sin tener que pasar lo suplicios que supone defender su nombre en las pistas de tenis, pues no le llena ese deporte y, tan feliz.
Otros a los que sus acciones parecen que sí les llenan y les deparan grandes victorias en las actividades que desarrollan, no reconocen que a pesar de sus «victorias», debían dejar hueco a otras que puedan jugar su juego, lo malo es que a quien????, no se, seguro que en segundas y terceras líneas hay quien pueda devolver la cordura, no se????
Estupendo artículo, amigo Fran, me ha encantado. Una pena lo de Stefanos, Ojalá el tiempo te quite la razón y sea un bache en la baldosa, como bien dices. Precisamente junto a Sasha y, por supuesto, y nuestro Carlitos, son mis jugadores favoritos, aunque tiene el revés más improductivo y menos dañino, es el más hermoso del circuito, un calco al de su majestad Roger Federer. Por el bien de este deporte que engancha, ojala remonte el vuelo y le veamos otra vez luchar como un verdadero guerrero en las pistas con los mejores.