Ahora que termina la temporada de tenis, es el momento de hacer balance de cuanto ha ocurrido durante los doce últimos meses. Como en otros ámbitos de la vida, el 2024 ha traído muchos cambios para que todo siga igual: los europeos siguen liderando el circuito y cada vez se ve menos el juego de saque y volea, el revés a una mano y los golpes cortados. Nos despedimos del tenis hasta que empiece la gira previa del Open de Australia y en la que ya echaremos de menos a Rafa Nadal.
En esta sociedad sobreinformada en la que vivimos, no es extraño apreciar la brecha que existe entre lo que pasa y lo que nos dicen que pasa. Pensamos que el Black Friday es una ganga pero no nos damos cuenta de que, tan sólo hace un mes, probablemente hubiéramos pagado menos por ese producto. Imaginamos que los damnificados por la riada de Valencia de hace un mes ya están recibiendo las cacareadas ayudas, pero nos sorprendemos al ver que siguen quitando fango, del de verdad. Soñamos con un nuevo Big3, pero, a los nuevos ases de la raqueta, las grietas les salen por todas las costuras del tenis. Por eso, he aprovechado este fin de semana para hacer mi Congreso Anual con el fin de analizar el estado del partido, del torneo y del tenis en general.
Primera temporada sin el BIG3 a pleno rendimiento
Hace más de dos décadas, desde 2022, que aparecía, en las listas de ganadores de uno de los Grand Slam del año, algún representante del Big3. Desde que Roger Federer ganara a Mark Philippoussis en Wimbledon en 2003, hasta la victoria de Novak Djokovic en el USOpen de 2023 ante Medvedev, se han jugado 80 Majors de los que 66 han ido a las vitrinas de los tres grandes. 2024 es el año de la renovación, de las nuevas generaciones, de la nueva política del tenis. De un plumazo, Sinner (Open de Australia y USOpen) y Alcaraz (Roland Garros y Wimbledon) han expulsado a las vacas sagradas del partido. Hace tan solo unos días que Rafa se ha ido y ya echamos de menos su regularidad, sacrificio y humildad. Tampoco hemos tolerado con facilidad la ausencia de Federer. El tenis bonito está de luto desde entonces. Sin ellos y sin retos que batir, Djokovic parece disiparse, aunque el serbio se ha dado una nueva oportunidad. Visto así, la época del Big3 parece ser ya historia y referente para un futuro próximo. Alcaraz deslumbra, pero Rafa nos había acostumbrado a un equilibrio que el murciano no tiene. Sinner tiene cara de buen chico, pero su caso de dopaje empaña una trayectoria ejemplar.
Extrañas alianzas del tenis
Las políticas de pactos alcanzan, en ocasiones, parejas de baile hasta ahora impensables. Protagonistas que luchaban hasta hace dos días por los mismos objetivos y que nunca hubieras imaginado que navegaran en la misma coalición, ahora juntan sus camas para yacer en un mismo lecho de intereses. Me estoy refiriendo, como ya habrán pensado los lectores más espabilados, a la unión de Djokovic y Murray. El serbio ha decidido contratar al escocés como entrenador para exprimir sus últimas opciones de gobernar el tenis mundial. El tiempo dará y quitará las razones por las que Nole ha tirado de Andy. Nos ha sorprendido a todos, incluso a los protagonistas de la bancada azul, esa que gobierna el tenis actual y en la que prefieren seguir con pactos más conservadores, como el de seguir con Ferrero y confiar en Darren Cahill, como protagonistas de sus equipos técnicos.
Tampoco es bueno en esto del tenis mezclar la sangre con los intereses profesionales. A Nadal le salió bien durante muchos años, hasta que vio peligrar los resultados y la relación con su tío. A Tsitsipas no acaba de funcionarle y ha decidido deshacerse del lastre paterno que le añadía más presión que seguridad. Y, por último, Rune, que mucho está tardando en apartar la alargada sombra de su madre de su equipo. Ya sabes, no sé si te suena de algo, pero, en algunos círculos profesionales, la familia te puede generar más perjuicios que beneficios.
España va mal
Dicen que la verdad sólo se dice de forma anónima o póstuma. El resto deben ser medias verdades que siempre encuentran datos sobre los que apoyarse en algún peregrino estudio de una alejada universidad americana o en un curioso observatorio para el análisis de no sé qué. En fin, todos acaban justificando el discurso. Los mismos que no paran de subir los impuestos, son los que dicen que España va como un cohete. Los mismos que despedimos a Nadal y damos la bienvenida con ilusión a Alcaraz, somos los que no nos damos cuenta de que el Top100 está mucho más despejado de hispanos que hace unos años. Si dejamos aparte los éxitos de Carlitos, sólo Roberto Bautista se ha proclamado ganador en un título ATP durante todo este 2024. Es como si el nº1 español hubiera provocado una sequía de alternativas entre los nuevos candidatos del tenis, que vagan sin rumbo más preocupados por aplaudir al líder que por hacerle sombra con nuevas propuestas…, tenísticas, por supuesto.
Alejandro Davidovich recordará esta temporada como su particular «annus horribilis» en el que los sueños que se habían creado en 2023 se han frenado en seco. Por otro lado, los nuevos valores del partido, Martín Landaluce y Rafael Jódar no vienen tan rápido como esperábamos y deberán cuidar mucho su ascenso a la élite para evitar desagradables sorpresas. Un Manual de Resistencia no les vendrá nada mal para mantenerse En Tierra Firme.
Extrañas decisiones sobre el dopaje
No ocurre sólo en el tenis, pero, sí es difícil imaginar una forma más estúpida, y peligrosa, de tomar decisiones que poner esas decisiones en manos de personas que no pagan ningún precio por equivocarse. Lo vemos día a día en los telediarios y en la ATP. Nadie duda de la capacidad de los nº1 de la ATP y la WTA, pero sus positivos en dopping no acompañados con sanciones ejemplares generan una sospechosa nube de corrupción que salpica… al tenis. En el deporte también existe fango, desinformación y peligrosos digitales que arrastran en su camino hacia la verdad a todo lo que se les pone por delante, sin discriminar cargos, clasificaciones o relaciones familiares.
Este 2024 pasará a la historia por la paulatina desaparición del Big3, por la supremacía de la dupla Sinner-Alcaraz, por el caso de dopaje del italiano que no le supuso las habituales sanciones y por la descafeinada despedida de Don Rafael Nadal Parera. De esto es de lo que se habla en el Congreso Federal del Tenis, pero como en otros, echamos en falta que se haga un poco de autocrítica para salvaguardar nuestro deporte. Gracias a Dios, de momento, el tenis se rige por leyes que escapan de las finas líneas que marca esta sociedad absurdamente igualitaria. Salvaguardémoslo porque, como ya pasa en otros ámbitos de nuestra vida, en los que a las personas inteligentes ya se les prohíbe pensar para no ofender a los idiotas, pronto es posible que se repartan los triunfos sin que influya lo que ocurra en la pista… O sea, el buenismo llevado al deporte.
Absolutamente de acuerdo.
Muy bien reseñado eso de «fango, del de verdad»
Buena crónica y mejor análisis de este 2024 que se nos ha enfangado y tanto cuesta desenfangar.
Lo bueno, por decir algo, es que este próximo 25 tendremos un nuevo……. dijéramos ministerio, que se encargará de crear al amparo de esas mentes privilegiadas viviendas sociales a mansalva, claro después de exprimir algo más al ciudadano antes medio y poco a poco medio bajo, naturalmente este «ministerio», tendrá ministros, vocales, vocales de vocales y asesores de todos ellos, si sobrare algo del presupuesto que se dedique al cometido, pues algo se hará con ello.
En nuestro deporte, confiemos que esa generación que en 2024 triunfo en categorías inferiores de el salto y se una al, esperemos, Carlos Alcaraz más centrado y asentado en una regularidad que, si no algunos sí yo, echo en falta. Por lo demás más de lo mismo se sanchisza todo y como muy bien expresa mi cronista de cabecera o eso creo intuir, se desprecia el esfuerzo para evitar que el rebaño salga del redil.
Pero seguimos vivos, manquepese a algunos