Nadal-Leyenda Negra

Embajador de Arabia, negacionista del feminismo, defensor de valores que ya no se usan, respetuoso con todos sus rivales, educado dentro y fuera de la pista y orgulloso de ser español, Rafael Nadal Parera recorre el ocaso de su carrera enfrentándose a los más duros rivales del circuito, los envidiosos. Las lesiones, y la influencia de importantes grupos de presión como la ideología Woke, están intentando empañar una trayectoria llena de éxito en el deporte mundial.


La leyenda negra es una expresión que se suele utilizar para designar la antigua propaganda contra España, que empezó en el siglo XVI en Inglaterra y se ha mantenido durante cuatro siglos en las diferentes contiendas religiosas, marítimas y coloniales. A la pérfida Albión pronto se unieron otras naciones en eso de atribuir características negativas a los españoles,​ a través de la hispanofobia y el anticatolicismo. Hernán Cortés y sus atrocidades con los indígenas, la Inquisición, el Duque de Alba en los Países Bajos, Cervantes y sus obras de bajo nivel, el Imperio de Carlos V e incluso Plácido Domingo son víctimas de esta pretendida leyenda negra. La propaganda antiespañola está activa hasta nuestros días en el deporte tras los innumerables éxitos que ha alcanzado a principios del siglo XXI. Lo que no hubiéramos imaginado nunca es que las críticas surgieran desde dentro y tocaran al mayor icono de españolidad que tenemos: Don Rafael Nadal Parera.

La Federación de Tenis de Arabia Saudí, o como dicen algunos, el propio país, dirigido por un rey que sólo rinde cuentas a las fuentes del Derecho (sharía), que se recogen en el Corán, ha decidido fichar a Nadal como embajador del tenis en su país. Lo que unos ven como una excelente idea basada en la fuerza transformadora del deporte en un país, al que le queda mucho camino por recorrer en cuestiones de igualdad y libertades, otros lo perciben como una pretendida forma de blanquear el absolutismo saudita. Esta semana, el protagonista de toda esta historia ha decidido comparecer en diferentes medios para dar su opinión y responder a todos cuantos han salido en el vertedero de las redes sociales a expulsar sus detritos. Para Nadal, su labor se circunscribe a una labor de formación a través del deporte que, como tal, puede servir para generar los cambios sociales, legales y políticos que disfrutamos en otros países. El propio Rafa mencionaba la España de los años 50 como un caso no muy diferente al del Irán actual y que consiguió una deseada transición gracias a la llegada del turismo masivo. Ahora, todos los países de la península arábiga inician ese camino apoyándose en el deporte. Si España utilizó el turismo como herramienta de progreso fue gracias al maravilloso patrimonio cultural que posee y la belleza de sus ciudades e innumerables enclaves que se encuentran por cualquier rincón de nuestro territorio. Arabia Saudí, más discreto en sitios que visitar, lo está haciendo a través del deporte a golpe de talonario. A falta de monumentos que contemplar, los árabes tiran de chequera para fichar a estrellas del deporte. Sólo el tiempo nos dirá si los objetivos que se cumplen son los que desean unos o los que inventan otros.

Si hacemos un sencillo silogismo que asociara las características de un país a sus torneos acabaríamos con el tenis. Nadie debería jugar Wimbledon por el maltrato al zorro que se perpetra en Inglaterra, los higados inflamados de las ocas para obtener un poco de foie nos alejaría de Roland Garros, el uso generalizado de armas y el poder de la industria armamentística haría que evitáramos el USOpen y tener que desplazarnos hasta Australia en medios de transporte tan poco respetuosos con la huella de carbono no merecería la pena. Acudir al nido de mafiosos monegascos, de taurinos españoles y contaminadores chinos reduciría el circuito una barbaridad. Somos, lo que viene siendo, una peculiar especie de críticos selectivos. Dependiendo de mis intereses seré más mordaz o aceptaré cualquier cosa siempre que me beneficie de ella.

En cualquier caso, detrás de todo esto, como siempre en esta vida, subyace el dinero, poderoso caballero. Si Nadal acepta la oferta es por dinero, ni el mismo lo niega. Si no estuviera bien pagado, no lo haría. Yo no percibo nada malo en esto, todos trabajamos por dinero y este aspecto es el que le da valor a nuestro trabajo. Las acciones no remuneradas carecen de importancia y, como tales, así las percibe el receptor del beneficio del trabajo. La ideología woke, que nació como defensora de las desigualdades sociales, ha comprado el discurso anticapitalista de nuestros días para crear una conciencia de otras cuestiones cargadas de intereses ideológicos. Ahí se enmarcan las críticas a Rafa por aceptar la oferta de un país que no respeta los derechos de las mujeres, entre otras muchas cosas. Me sorprende que no se haga este mismo análisis cuando se defiende a países de la misma ideología pero que viven en la pobreza. No soportamos a los jeques que ningunean a las mujeres y han conseguido sus fortunas sangrando el planeta del oro negro que ensuciará nuestro planeta, pero sí aceptamos regímenes que garantizan los mismos derechos y libertades pero malviven en la pobreza de sociedades medievales en pleno s. XXI.

Y como si de un pack de valores ecosostenibles, igualitarios y transversales se tratara también afeamos a Rafa que vuelva a decirnos que es del grupo de los homínidos que aún dispone de sentido común para defender que quien más genera debe percibir más retribuciones, que el que más se esfuerza y consigue mayores beneficios debe quedarse con más que los que esperan a verlas venir. Porque de esto se trata, de premiar la meritocracia en un mundo cada vez más mediocre, por mucho que aparezcan los que ponen etiquetas a esto si es una mujer, un negro, un discapacitado o un señor de Ciudad Real. Si no valoramos el esfuerzo y la excelencia nadie querrá esforzarse por ser excelente. O sea, que si compramos este discurso nunca hubiéramos disfrutado de Nadales en España.

Ahora que ya se ve el final de la exitosa carrera de Rafael Nadal tiene que enfrentarse a rivales que desconocía y para los que no estaba entrenado. Desde estas humildes líneas les recomendaría la lectura de «Imperiofobia y Leyenda Negra», de María Elvira Roca Barea, nº1 de la clasificación que mide cuanta envidia se tiene en España a todo aquel que triunfa. Pues eso, que a Amancio Ortega y Juan Roig se une Rafa Nadal como triunfadores a los que hay que lapidar.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

3 comentarios en «LA DESTRUCCIÓN DE NUESTROS HÉROES, EL DEPORTE NACIONAL»
  1. Efectivamente, vamos camino a la locura, el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la perseverancia y la constancia están mal vistos y la demagogia , lo verde y las tonterías se han instalado entre nosotros y lamentablemente han vencido. La envidia por aquellos que triunfan y los métodos a utilizar para destruirlos a base de mentiras y detritus, es una práctica que a la vista de los hechos, vive entre nosotros y tiene muchos adeptos.

  2. Estamos viviendo una época que el esfuerzo y por consiguiente su mayor retribución esta mal visto, sin embargo la dependencia de un padre estado tanto económica como ideológica mente es lo que prima y está a la orden del día.
    No se reconoce el esfuerzo y por cualquier circunstancia se trata de dilapidar el reconocimiento que estos verdaderamente triunfadores se merecen.

    Es lo que nos toca hoy y ahora vivir, paciencia y confianza en que ningún virus dure 100 años, aunque algunos ya consideremos que no disfrutaremos de la cura.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *