Tres años llevaba el austriaco sin aparecer por una final ATP hasta la de hoy en Kitzbühel. El argentino no ha dado opciones a un Thiem que se plantaba en la final tras remontar sendos partidos ante Zhang y Rinderknech y levantar, en semifinales, cinco pelotas de partido en contra ante Laslo Djere.
Existe en el cerebro una amplia región, llamada sistema reticular, que tiene encargadas las funciones de coordinación de ciertos movimientos musculares, el control de la memoria, los procesos de aprendizaje e, incluso, cobra un papel importante en la toma de decisiones. En la medida en la que seamos capaces de poner en funcionamiento ese sistema reticular activador ascendente, nos conoceremos mejor y nos sentiremos más aliviados de la presión perfeccionista que nos lleva a todos a intentar ser mejores. Este sistema es el responsable de que yo filtre todo lo que me llega y sólo seleccione aquello que es esencial para alcanzar mis objetivos. Para que lo entendamos todos, es eso que, de tanto ansiarlo, finalmente, la mente nos lo acaba mostrando. Dominic Thiem llevaba sin jugar una final desde que lo hiciera en 2020 en la final del Masters Finals. Tres años llevaba el austriaco filtrando pensamientos, ideas, deseos de dejarlo todo, para quedarse con una mente limpia sólo cargada de las herramientas que le devolvieran al espacio tenístico que nunca debería haber abandonado.
Este sistema, de nombre infame, es el que ha mostrado a Thiem, a través de su tallo encefálico, sólo la información necesaria para volver a la senda del éxito. Solemos minimizar la importancia del mundo interior en nuestra sociedad occidental. En el deporte, como actividad física lo hacemos aún más, bajo el falso precepto de que lo exterior es lo que te llevará al éxito. La semana pasada, Zverev rompió su racha de malos resultados de un año con el triunfo en Hamburgo. Hoy Thiem, también en su casa, se ha quedado a las puertas del éxito tenístico y neurocientífico.
La patología que ha evitado su recuperación absoluta, se llama Sebastián Báez. Un jovencito argentino, de tamaño reducido pero con una consistencia en su juego propia de la roca más dura. En la pista central del Tennis Stadium Kitzbühel, el ganador de tres torneos ATP, dos de ellos este año, no le ha dado opción alguna al austriaco. Báez, gracias a su victoria, se meterá en el Top50, todavía lejos de su mejor clasificación, el nº30. Thiem también ascenderá muchos puestos en la clasificación que serán vitales para el inicio de la gira norteamericana. El austriaco pasa del puesto 116 al 89, eso sí, muy lejos de aquel nº3 que consiguiera en marzo de 2020, justo en el momento en que se declaró la pandemia mundial de COVID19.
Thiem ya sabe que la felicidad no es lo que nos pasa, sino como lo interpretamos. La misma realidad que en ocasiones nos irrita, otras veces puede hacernos las personas más felices del mundo. El estado de ánimo, mi sistema de creencias o ese sistema reticular activador ascendente van a determinar como me enfrento a la situación con la que me toca lidiar. El jugador austriaco sabe que esta tarde, aunque no haya ganado, debe estar muy feliz.
Espero y deseo que esta recuperación tenistica de Thiem continúe con la senda que parece que ha vuelto a retomar y que no sea una ilusión que se desvanece tal y como apareció.
Como siempre el artículo de nuestro cronista tenistico de lo más acertado y documentado