El británico consigue el mejor resultado de su carrera deportiva al imponerse en el ATP500 de Washington a Tallon Griekspoor. Evans únicamente tenía en su palmarés un título, el ATP250 de Melbourne en 2021. El de los Países Bajos pierde su primera final tras los dos triunfos, conseguidos este año, en Pune y s’Hertogenbosch.
Me he pasado todo el invierno preguntándome por qué el personal no salía a la calle para reclamar a los políticos que defendieran sus derechos como ciudadanos de a pie. La terrible inflación que afecta a los precios de la cesta de la compra, la subida de las hipotecas, las leyes que devuelven la libertad a quien no la merece, los contratos basura o incluso los efectos del dichoso cambio climático, que todo lo ocupa actualmente, hubieran bastado para que la gente saliera de sus madrigueras. Ha tenido que llegar el verano para que entendiera por qué no salían. La aparición de las altas temperaturas deja claro lo que estaba haciendo medio planeta este invierno: tatuándose. Esta madrugada en el ATP500 de Washington, Daniel Evans ha lucido sus calcamonías eternas al levantar el trofeo. Curiosamente, el británico sustituye en el cetro de este torneo a otro de los jugadores más pinturrajeado del circuito, Nick Kyrgios.
A diferencia del fútbol, el boxeo o el mismo baloncesto, el tenis ha sido hasta ahora un deporte libre de tatuajes. Aún así, en los últimos años, estamos viendo como aparecen, por debajo de las indumentarias, dibujos que un día te impresionaron y muy probablemente, como ocurre con cualquier cosa en esta vida, pronto dejarán de interesarte. Hace sólo unos años, Janko Tipsarevic, Carlos Moyá o el mismísimo Stan Wawrinka, con su famosa frase motivadora, eran los únicos que lucían tatuajes en sus cuerpos. La fiebre se ha disparado con Kyrgios, Bublik o el mismísimo Berrettini, que empiezan a llenar sus cuerpos de figuras que casi nunca alcanzamos a comprender. Está claro que, por lo que podemos ver en las calles, el tatuaje ha pasado de ser algo marginal, propio de gente de sospechosa reputación, a un signo de distinción que amenaza con convertirse en una pandemia de efectos desconocidos.
En el ATP500 de Washington parece que las calcamonías mejoran el rendimiento. Si el año pasado fue Nick Kyrgios el que se alzó con el triunfo con sus brazos y piernas ilustrados, este año ha sido Daniel Evans, quien cada vez acumula más mensajes iconográficos en su piel. En la capital de Estados Unidos, Evans ha demostrado que su juego de reveses cortados, ángulos imposibles y voleas perfectas también tiene cabida en el tenis actual. Durante toda la semana ha deslumbrado a los seguidores del deporte de la raqueta con golpes geniales que han dejado fuera a jugadores de la talla de Tiafoe o Dimitrov.

En la final se ha encontrado con el holandés Tallon Griekspoor, quien dio la sorpresa en semifinales al imponerse a Taylor Fritz. El neerlandés ha plantado cara a Evans en los dos sets con su derecha letal y su servicio abierto, pero la mayor experiencia del británico han decantado la balanza hacia su lado: 7-5, 6-3 para sumar el segundo título de Daniel Evans y la primera final perdida de Griekspoor.
Según datos recientes, el 42% de los españoles tiene al menos un tatuaje, y más del 60% se ha arrepentido de haberselo hecho a los 5 años. Evans quizá se arrepienta pronto de alguno de los garabatos que luce en alguna parte de su cuerpo, ahora bien, la tinta que nunca podrá borrar, es la del mayor triunfo de su carrera deportiva, conseguida esta noche en Washington, porque ya la lleva tatuada en su corazón.