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Asentado ya como nº1 de la ATP, repasamos los logros alcanzados por Carlitos Alcaraz en tan sólo dos años y medio de profesional. El murciano ya ha ganado tantos Grand Slams (2) como Ilie Nastase, Lleyton Hewitt, Stan Smith, Safin, Bruguera, Rafter y Kafelnikov. En cuanto a Master1000, Alcaraz ya tiene cuatro, igualando al propio Juan Carlos Ferrero y Stefan Edberg. El tenis mundial se rinde ante el jugador español y lo señala como el máximo exponente de la nueva era del tenis.


Llevo días dándole vueltas a algunas cuestiones que parecerán peregrinas, y nuestro querido expresidente se ha encargado de confirmar: ¿Es infinito el universo de Alcaraz? ¿Pertenece Carlitos a esa especie excepcional, que no la hay en ningún sitio más de la galaxia? ¿Es un marciano o un murciano? ¿Podemos concebir el juego del nuevo campeón de Wimbledon como un Todo en el que se puede jugar al tenis, leer un libro y amar? No sé, son cuestiones que me atormentan y sobre las que me parece difícil verter un juicio equilibrado. En cambio, hay otras sobre las que es fácil posicionarse: ¿por qué tenemos que ponerle tilde a Feijóo, si es una palabra llana y acaba en vocal? ¿Acaso la pone mal para diferenciarse de la exministra socialista, Isabel Celaá, que, aunque nos dejó la LOMLOE, sí podemos asegurar que sabe escribir bien su nombre? Demasiadas preguntas que vienen a ocultar la auténtica realidad de estos días: no sé si será infinito Carlos Alcaraz, pero en los dos años y medio que lleva de profesional su evolución ha sido brutal. Si el el Big3 lo ha sido Todo en el tenis en las dos últimas décadas, habrá que ir inventando un neologismo para calificar lo que ha venido a hacer este chico «en un planeta asombroso en el que la vida emerge y se detiene con un equilibrio impresionante».

Les aseguro que no he sido yo el que se ha fumado la hierba que faltaba del fondo de las pistas. Es lo que tiene toparse con un mitin de ZP tras dos semanas viendo recogepelotas con disciplina castrense, espectadores ataviados con traje y corbata, carteles publicitarios mimetizados camaleónicamente con el entorno para no estropear el decorado y viseras a lo Peaky Blinders para los que tienen que repartir justicia. Lo de ahora es peor. Terminado el torneo de la hierba, mi cerebro queda expuesto peligrosamente a este otro Grand Slam, el de las elecciones, en los que lejos de hablar de las maravillas que se pueden hacer con trabajo, tesón, disciplina y control mental, nos hablan de absurdas vaguedades con el objetivo de que acabemos metiendo la pelotita en su urna para que ellos se mantengan en el circuito, otros cuatro años, gracias a un injusto ranking protegido.

Tengo la sensación de que el tenis se está convirtiendo en un ejemplo, un lugar idílico del cual todos quieren copiar sus comportamientos. Dos gladiadores salen a luchar con una violencia sin límite en sus golpes, destrozan de impotencia sus armas, discuten y hasta llegan a faltar el respeto a jueces, rivales e incluso espectadores, pero cuando acaba el duelo, el honor y la admiración emergen para dignificar la lucha. Djokovic es un animal competitivo, de esos que buscan el cuerpo para asegurar un punto, de los que fingen un dolor para cortar una racha o se marchan al vestuario para enfriar al rival. Alcaraz tres
cuartos de lo mismo.
Enfundado en su jovial juventud, el murciano no tiene compasión a la hora de humillar a sus rivales con resultados apabullantes, golpes imposibles de alcanzar o, por qué no, manejar al contrario como a una marioneta colgada por miles de hilos. Toda esa furia se desvanece tras el apretón de manos que dicta sentencia y erige un ganador y un perdedor. A partir de ahí, todo es respeto, elogios, educación y admiración mutua. Así da gusto. Carlitos sublima su victoria cuando reconoce que ha ganado a un ídolo del tenis, al jugador más laureado e incluso, lo más importante para los que ya vamos teniendo una edad, le quita diez años al decir que los 36 de ahora, son los 26 de antes. El serbio, ese personaje tan odiado por estos lares por su rivalidad con Nadal, no se ha quedado atrás en los elogios. En la rueda de prensa posterior al partido ha reconocido que jamás se había enfrentado a alguien de semejante nivel, se ha sorprendido de su control mental con tan sólo 20 años, impresionado por su nivel en esta superficie en la que apenas ha jugado 4 torneos en su carrera y asegurado que tiene lo mejor del Big3.

Esa rivalidad que muestran en la pista no es más agresiva que la que estamos viendo los últimos días de este segundo Grand Slam electoral de la temporada. Las descalificaciones, insultos y acusaciones que vierten unos contra otros son impropios de personas que se suponen educadas. Incapaces de enumerar un solo elogio o acierto de sus rivales, ya están afilando sus garras para desacreditar a los oponentes tras el pitido final del domingo. El fair play no va con ellos.

El mundo está al revés y no damos una a derechas. Veinte años de voleas ganadoras de los tres jugadores más grandes de la historia del tenis les han servido para acumular un poder infinito, y ahora, como si de un alzamiento se tratara, en tan sólo dos años como profesional, un joven de El Palmar se ha hecho con el poder judicial de Federer, el ejecutivo de Nadal y el legislativo de Djokovic. Todos esperamos la venida de un líder que sea capaz de coger lo mejor de cada ideología y orientarla para el sentido común, para el bien de todos, para las cosas necesarias. Se me ocurre que, ahora que Rafa Nadal inicia su last dance, no estaría de más que su equilibrio, tenacidad, inteligencia y capacidad de trabajo tuvieran otras funcionalidades más allá del tenis. Si levantara la cabeza el Padre Feijoo y se viera con tilde no tardaría en regresar a su descanso eterno. Mientras tanto, yo sólo pido que, por favor, paren esto, que yo me bajo…, a no ser que Alcaraz y Nadal se pongan a los mandos de Todo.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

2 comentarios en «ALCARAZ TAMBIÉN ES INFINITO Y TAN GRANDE COMO EL UNIVERSO»
  1. Efectivamente, personas con el perfil de Nadal, bien podrían dirigirnos, parece una opción sensata y no seguir con los actuales hasta el infinito.

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