El jugador ruso consigue su segundo título de la temporada al remontar un primer set que cayó del lado de Shapovalov. Medvedev asciende hasta la tercera posición del ranking y asegura su plaza en las Nitto Masters Finals de Turín.
Viena es una de las ciudades europeas con más palacios y edificios de estilo barroco, donde destaca su movimiento artístico, intelectual y, esta semana, también deportivo. Los cafés vieneses son el vivo ejemplo de este ambiente cultural y artístico, donde los clientes pueden pasar horas simplemente leyendo el omnipresente periódico. Esa contribución al arte, la cultura y la intelectualidad se ha trasladado durante esta semana de los cafés al Wiener Stadhalle donde los artistas se transforman en tenistas y sus obras se convierten en golpes imposibles como los de Daniil Medvedev y diabluras, pasándose la pelota entre las piernas antes de sacar, como las de Denis Shapovalov.
En la capital del barroco no podía faltar el gusto por lo elegante y lo extravagante. Shapovalov pronto asumió el papel de la elegancia, con un juego ordenado, de golpes ortodoxos que siempre encontraban los ángulos más inverosímiles. Medvedev le ponía cara, como de costumbre, a la extravagancia, a los golpes heterodoxos de ejecución imposible pero que siempre acaban dentro de los límites de la pista de su rival. En el primer set prevaleció la elegancia a la extravagancia. Doble break para el canadiense que le sirvió, a pesar de la postrera remontada de Medvedev, para apuntarse la primera manga por 6-4.
El arte de parecer que manifiesta el barroco, con su exceso de movimiento y su pasión por el horror vacui se puso de manifiesto en un segundo set, en el que se sucedieron las roturas de servicio y los puntos imposibles, llenos de tropos y torsiones impensables en los que el jugador ruso expuso su obra más letal, 6-3.
El maestro de los gestos recargados, de los golpes feos, de los contrastes de luces y sombras se imponía al aprendiz de artista canadiense que se maneja mejor en otros estilos. En la tercera sala de esta muestra final del ATP de Viena se exponía el desasosiego, la crisis de valores estéticos y la falta de belleza formal que abandera el ruso, pero que, a su vez, resultan tan efectivos para alcanzar los fines. La ansiedad estética de Medvedev culminó con la tortura de haber perdido hasta cinco pelotas de partido antes de dejar en el marcador un 6-2 final.
Decimoquinta obra de arte ATP para el ruso Medvedev y primera exposición en Viena de su arte barroco. La riqueza de estilos del tenis actual nos regalan, semana tras semana, la posibilidad de disfrutar de diferentes lenguajes tenísticos que, en la barroca Viena, se ha identificado perfectamente con Medvedev. Próxima parada, París: clasicismo, equilibrio, belleza… Lástima que Federer ya se haya retirado.
Y tanto… como se echa de menos a Federer…
Como siempre, gran artículo
Bien… Una vez más nuestro critico de almohada nos depara una gran crónica sobre este último torneo ganado por el antiestetico tenista Medvedev…, aunque si efectivo en un porcentaje casi insultante (para esas formas que cualquier profesor trata de inculcar hasta la exageración a sus alumnos).
Luego nuestro cronista nos recuerda que el torneo de París tendrá la falta del grandioso Federer, aunque esperamos y deseemos que nuestros representantes hagan que no echemos en falta nada tenisticamente hablando.
Se podría decir que Medvedev toma el relevo de todo un Mozart, que si bien todos sabemos apreciar la riqueza intelectual de sus obras, fue su excentricidad lo que marcó su camino por Viena. No obstante, el ruso ha sabido triunfar donde ni Wolfang pudo, ya que hay que recordar que murió pobre como una rata. Esperemos que no sea el devenir de Medvedev (tenisticamente hablando).