El serbio encadena dos semanas consecutivas de triunfos con su victoria en el ATP500 de Astana. Tsitsipas no consigue ganar a Nole desde hace tres años.
Novak Djokovic ha abierto la persiana de su residencia kazaja para gritar, con la insolencia habitual que gasta el serbio, lo que le iba a hacer al griego esta tarde en la capea final del ATP500 de Astana. Lo que podría interpretarse como una falta de respeto por parte de Nole, ha sido rápidamente desmentido por el propio Stafanos, calificándolo como un código compartido entre ambos que no va más allá de lo que suele ser el típico pique de dos grandes del ranking tenístico.
Las hormonas del serbio estaban disparadas después de no haber podido asistir a la mayoría de las fiestas universitarias del circuito 2022. Los ofendiditos de la política deportiva actual afeaban la insolencia de Nole cuando rompía el servicio del griego y cerraba el set con la firmeza de quien está seguro de que sus salidas nocturnas van a tener la recompensa esperada. 6-3 y primera conquista al bolsillo.
Tsitsipas, lejos de amilanarse contestó a su provocador rival utilizando las mismas armas que el serbio. Las provocaciones estaban pactadas y el griego despreciaba a toda la caterva de defensores que no había pedido. Esa actitud infantil y protectora hizo más débil al jugador heleno, que acabó doblando la rodilla en cuanto los gritos de Djokovic fueron vitoreados desde las persianas, recién abiertas, de todo su box: 6-4 para Djokovic y segundo título en tan sólo 7 días.
Djokovic se ha pasado todo el 2022 deseando darle salida a sus más bajos instintos tenísticos, pero la reclusión antivacuna que le persigue, se lo ha impedido. Ahora ha gritado despavorido lo que estaba dispuesto a hacerle a Tsitsipas. Ni falta de respeto, ni vejación, ni empoderamiento testicular. Djokovic lleva más de tres años llevándose al huerto al heleno, desde el Master1000 de Shanghai de 2019. Quizá las formas de Nole no sean las mejores, quizá pudiera haberlo dicho de otra forma, pero está claro que este incomprendido serbio ha abusado, una vez más, de su amigo Tsitsipas. Y eso no es ningún delito.
Otra «batalla» más entre estos dos amigos que tienen una forma muy peculiar de entender la psicología del tenis. Aunque la gran mayoría no seamos muy partidarios, habrá que dejarles que disfruten de ello, mientras puedan.